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25/01/2002
Portada de hoy

El recuerdo de Martí vivo en nuestra Patria

Piedras donde se fraguan ideas

Amaury E. del Valle (Especial de la AIN)

Como si todavía se escucharan los golpes sobre las piedras de las canteras de San Lázaro, la Fragua Martiana atestigua que en ese sitio horrendo del siglo XIX sufrió, junto a otros presos, José Martí.

Condenado cuando apenas era un niño de 16 años, por una carta escrita a un antiguo compañero de estudios en la cual lo acusaba de traidor al ponerse al servicio de la metrópoli española, Martí realizó trabajos forzados en las canteras, conmutados más tarde por el destierro.

De su estadía en aquel lugar dejara un testimonio desgarrador en su escrito El Presidio Político en Cuba, en el que trazo con pluma tinta en dolor los sufrimientos de los destinados a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro.

Ubicadas estas en el corazón de La Habana, en su lugar se levanta hoy un museo, fruto de quienes lucharon durante la república neocolonial por darle un lugar digno de recordación a la memoria del Apóstol y de quienes allí penaron.

Fue en 1938 que tomó fuerza la idea, cuando Gonzalo de Quesada y Miranda, hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, albacea de Martí, y el doctor Federico Castañeda, fijaron exactamente el lugar donde se ubicaban otrora las canteras.

A pesar del llamado a conservar el lugar, solo en junio de 1944 las piedras del otrora sitio de castigo para los condenados en la cárcel de La Habana se convirtieron en un modesto parque, donde un busto del Maestro lo convertía en Rincón Martiano.

No siendo suficiente tan pequeño gesto, en 1946 se plantea la necesidad de contar con un local apropiado para desarrollar eficazmente la divulgación de la vida y la obra de Martí, concibiéndose entonces la construcción en el lugar de la Fragua Martiana.

Para esto se inició toda una campaña popular que involucró a varios medios de prensa, con una hora radial en la emisora CMZ del Ministerio de Educación, gesto que fue aprovechado por algunos políticos, como el entonces candidato presidencial Carlos Prio, para ganarse votos con promesas de apoyo.

Así, a partir de un amplio movimiento que involucró a la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano, el Club Rotario de La Habana y al entonces Ministro de Obras Públicas del gobierno de Carlos Prio, junto al pueblo en general, se concretó en 1950 la expropiación de los terrenos donde se levantaría el local martiano.

En enero de ese mismo año se presentaban los planos de la construcción, realizados por el joven arquitecto Antonio Luis Sánchez, y la arquitecta Rosa Galeano, colaborando en ellos el ingeniero Salvador Figueras y Francisco González Padilla.

La idea que primó fue elaborar una construcción sobria, acorde con la personalidad de Martí, y, aunque se intentó desvirtuar su sentido, el 28 de enero de 1950, a las 11:00 de la mañana, era colocada por fin la primera piedra del proyecto.

Incluso Prio, en su carácter de Presidente de la República, quiso "venerar" al Apóstol al emitir un Decreto para declarar Monumento Nacional al Rincón Martiano.

No obstante, el cemento tardó mucho en fraguar, pues no es hasta mediados de 1951 que se concreta la edificación de dos pisos, con un frente por la calle Hospital.

Si bien el 30 de junio de 1951 se decretaba finalizada la construcción civil, hubo que esperar hasta el 28 de enero de 1952, aniversario 99 del natalicio de José Martí, para que se inaugurara en acto oficial de carácter nacional el Museo-Escuela Fragua Martiana.

Varios elementos significativos lo enriquecieron, entre ellos la primera bandera que ondeó en el panteón que guardó los restos de Martí en el cementerio Santa Efigenia, de Santiago de Cuba, o el revólver personal del maestro y fotos, documentos y otros recuerdos atesorados por la familia Quesada.

Un busto monumental de Martí, realizado por la escultora Jilma Madera, y cuya réplica a menor escala se encuentra en el pico Turquino, arrancó elogios a María Mantilla por el extraordinario parecido con la persona que ella conoció.

Ella visitó la Fragua en 1953 a raíz de las conmemoraciones por el Centenario del natalicio del Héroe Nacional cubano.

Desde su apertura, muchos han sido los acontecimientos de los cuales fueron testigos las piedras de la antigua cantera.

Quizás uno de los más simbólicos sea el entierro de la Constitución, acto de protesta contra el golpe de estado de Batista, protagonizado por los estudiantes universitarios el 6 de abril de 1952.

O la Marcha de las Antorchas en 1953, acto devenido recordación iluminada de Martí, el cual se repite tradicionalmente cada año en víspera del 28 de enero.

Sus locales siempre han combinado la doble función de museo con muestras fijas y temporales, con lugar de clases de universitarios, pioneros y estudiantes en general.

Dotada de un parque acogedor, allí se encuentran sembrados varios de los árboles que menciona Martí en su Diario de Campaña, los cuales parecen indicar con sus raíces impregnadas en las piedras que el recuerdo del Maestro esta prendido de forma inseparable a la memoria y la historia del pueblo cubano.

 

25/01/2002

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