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25/01/2002
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Niños a la deriva

FÉLIX LÓPEZ 

Enterrada en el fango de una remota playa, en Punta Higuereta, al norte de Villa Clara, terminó la obsesión de Noelvis Moya Palomino. Quería llegar a Miami "a cualquier precio", pero no imaginó que esa expresión —siempre dicha con irresponsabilidad— oculta las peores consecuencias. Noelvis ya no podrá olvidar el instante en que aquella lancha la separó de sus pequeños hijos; Ivett, con sus mínimos 15 meses de nacida, e Iván, de 5 años...

Foto: ALBERTO BORREGO
Noelvis Moya Palomino en el momento del reencuentro con su hija Ivett, de 15 meses de edad. Madelyn Ramos Costa, la madre que arriesgó la vida de dos pequeñas criaturas para unirse a su esposo.

Noelvis, y otras dos madres con sus niñas, habían llegado hasta la costa de Encrucijada siguiendo las indicaciones de sus familiares en Miami. Nada novedoso en el modus operandi: una llamada telefónica en la que un desconocido promete seguridad; un punto de embarque; un lanchero inescrupuloso que gana más de 8 000 dólares por pasajero; y una ley que espera en la otra orilla para "ajustar" la ilegalidad, solo si eres cubano.

El 12 de diciembre comenzó esta historia. Una familia viajó desde Colón, en Matanzas; otra desde Aguada de Pasajeros, en Cienfuegos... En la entrada de El Santo, sobre las siete de la noche, se conformó el grupo de 29 personas, cinco de ellos niños. Un guía los llevó hasta el punto escogido de la costa. Atravesaron diez largos kilómetros de cañaverales, pantanos y manglares. Al amanecer se vieron las caras por primera vez. Juntos debían esperar.

CONTEO REGRESIVO

Poco después de las cinco de la tarde apareció la lancha: blanca, aerodinámica, con sus dos potentes motores fuera de borda... Uno del grupo hizo señales desde la orilla y el lanchero se detuvo a unos 20 metros de la costa. El fango amenazaba con tragárselos uno a uno. Solo siete hombres lograron llegar hasta la embarcación, llevando consigo a cinco menores. Sus madres, desesperadas, intentaban alcanzarlos...

En ese instante apareció una embarcación de Tropas Guardafronteras. Aquello no era el paseo que el lanchero esperaba. Lo habían descubierto y él debía escapar. Un giro, los motores a toda potencia y los gritos desesperados de las madres se fueron apagando poco a poco. Sobre la lancha quedaban el llanto de los niños y los rostros espantados de aquellos siete hombres, dos de ellos con sus hijos, uno con la sobrina.

Mientras las autoridades cubanas acompañaban a la lancha y cursaban un mensaje al Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos, en Punta Higuereta eran retenidas 17 personas, entre ellas las madres de todos los pequeños. Fueron horas de dolor y tensión. Esa ruta también suele llevar a la desgracia... Para suerte de los niños, en horas de la mañana del día 14, el Servicio de Guardacostas norteamericano cursaba un mensaje a Cuba: la lancha había sido interceptada, las personas a bordo estaban a salvo, un tripulante estaba detenido y otro, que aparentemente se lanzó al mar, seguía desaparecido.

Las autoridades norteamericanas no solo actuaron conforme a los procedimientos suscritos en los acuerdos migratorios entre los dos países, sino que solicitaron a Cuba la pronta repatriación de los inmigrantes ilegales, incluidos los cinco niños.

EL LANCHERO FANTASMA

Adrián Martínez Montero está detenido en Miami y enfrenta una acusación de tráfico ilegal de personas. Al ser apresado por el Servicio de Guardacostas, advirtió que él no era el dueño de la embarcación, y que el patrón de la travesía, un individuo llamado Julio César, se había lanzado al mar para que no lo atraparan. Esa versión fue reafirmada por los demás ocupantes de la lancha.

Durante horas, las autoridades norteamericanas emplearon medios aéreos y navales para buscar al traficante desaparecido, pero no encontraron ningún rastro. De regreso a la Isla, y tras las investigaciones de rutina, los emigrantes ilegales devueltos aseguraron a las autoridades cubanas que ese supuesto patrón nunca existió.

Foto: JORGE LUIS GOINZÁLEZEvelio Ríos Pérez: "El lanchero inventó la historia del patrón que se tiró al mar, para minimizar su responsabilidad".

Según Evelio Ríos Pérez, uno de los hombres que logró subir a la lancha, allí solo había un lanchero: "Lo de inventar otro patrón —confesó— fue iniciativa de él, que no quería cargar con toda la responsabilidad y nos pidió apoyar esa versión..., la del hombre que se lanzó al agua".

Iván Carratalá Fernández, primo de Adrián, contó a Granma que este último se marchó de Cuba a mediados del año 2000, también en una operación de tráfico ilegal de personas. Un año y medio después, devenido lanchero, ya navegaba solo por la ruta de la muerte, convirtiendo esas peligrosas travesías en un medio de vida. Adrián, claro está, trabajaba en Miami para un capo de más rango, el verdadero dueño de la embarcación.

Reincidentes en este tipo de aventuras, la mayoría de las personas que participaron de esta salida ilegal lleva ahora consigo el escarmiento de la vida. Rolando Castellón, todavía avergonzado de las preguntas de sus hijas Anay y Martha Ester, de 14 y 3 años. Madelyn Ramos, que ha intentado más de una vez el reencuentro con su esposo, poniendo en peligro la vida de dos niñas que todavía aprenden sus primeras palabras... O Iván Carratalá, ese niño de cinco años que solo recuerda el frío que pasó lejos de su madre.

Todas esas personas han vuelto a reencontrarse en un mediodía habanero. Y he visto abrazos amorosos de madres, lágrimas desconsoladas de niños, rostros de padres avergonzados. Imágenes que por respeto a la dignidad humana, no deberían repetirse.

25/01/2002

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