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PEDRO DE LA HOZ
Es una suerte tener a Esmeralda este año en el jurado del Premio Casa de las Américas, de modo que podamos acercarnos a quien se ha convertido en una de las figuras emblemáticas de la nueva literatura que ha ido surgiendo en Estados Unidos como expresión de una minoría cautiva, la puertorriqueña. Digo cautiva, porque su inserción en la sociedad norteamericana se produjo bajo el dictado colonial. Los boricuas son norteamericanos por ley impuesta, pero cuando residen en la metrópoli lo son menos ante la hegemonía wasp (blanca, anglosajona, protestante). El primer libro de Esmeralda, Cuando yo era puertorriqueña (1994), causó una honda impresión en los medios literarios de Norteamérica y, luego, en Puerto Rico. Estas páginas memorialistas, en las que se equilibran vivencias personales e incisivas reflexiones, llamaron la atención por la agudeza con que se desnudan los problemas de la indentidad nacional, cultural e individual de la autora. Dos años después dio el gran salto hacia la novela: El sueño de América (America's Dream) tuvo una enorme resonancia en lo que el mercado editorial norteamericano comenzó a llamar el "boom" de las latina writers (mérito especialmente compartido por la entrañable dominicana Julia Álvarez, quien dejó una huella imborrable a su paso por Casa como jurado). La crítica Ellen Mayock ha significado cómo "el simbolismo onomástico de El sueño de América sirve como frontera entre Puerto Rico y Nueva York, entre lo que tiene América y lo que desea, y entre la expresión de los sueños íntimos y los oficiales. La protagonista América es Puerto Rico al mismo tiempo que es la América generalizada, o sea, el potencial del sueño dorado de América. Aunque la protagonista lleva consigo los problemas de su vida insular, aprende a encontrar soluciones dentro de un andamiaje vital de más libertad. El trabajo y el reconocimiento de las polaridades culturales proveen la oportunidad de autodefinición para América la protagonista, y sugieren una lección multicultural para América el país". Luego de esta obra, Esmeralda ha publicado la novela, también autorreferencial, Casi una mujer. No le interesan las casillas ni las capillas literarias. Escribe para respirar, vive comprometida con su comunidad ya sea en la isla como en el continente, y sueña con que en una y otra partes el hombre y la mujer sean dignos de su especie. |
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