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Luchan cañeros cienfuegueros contra secuelas de Michelle Ramón Barreras Ferrán
Pero no hay desánimo. En el pelotón la gente bromea como siempre. En el momento del almuerzo, que no sobrepasa los minutos estrictamente necesarios, alguien dice un chiste y todos ríen a carcajadas. Un cañero experimentado me invita a acompañarlo y nos adentramos en la plantación. Me enseña las muchas cañas partidas y los denominados hijos aéreos. "Lo que hizo el huracán no tiene nombre", afirma con dolor en la expresión. Cada vez que sale un carro y el remolque llenos es como una nueva victoria, como la culminación de un combate más en la nueva batalla que los hombres tienen que ganarle a la naturaleza. Hay voluntad para ello. El complejo agroindustrial Antonio Sánchez tiene sus áreas cercanas a la Ciénaga de Zapata y fue, por tanto, uno de los más azotados por los vientos de Michelle. Arnaldo Costa, director del CAI, afirma que todos los campos están con la caña encamada y partida y señala un dato que resume la magnitud de la inmensa tarea que enfrentan los cañeros en esta zafra: el 96 por ciento de la cosecha es responsabilidad del corte mecanizado. A las 20 combinadas que están agrupadas en 12 pelotones se les reforzaron las regulaciones para que recogieran más, lo que junto con la exigencia constante y las demás medidas adoptadas, ha posibilitado que las pérdidas en la cosecha y las materias extrañas enviadas al ingenio estén por debajo de los indicadores permisibles. También los técnicos y obreros industriales, desde sus respectivos puestos, defienden el rendimiento y el recobrado, dos medidores de eficacia del proceso de producción, en una zafra compleja, pero que permite a los trabajadores azucareros demostrar que tienen tanta fuerza en la acción como la de los vientos de un huracán que quiso arrancarlo todo. |
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