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21/01/2002
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Ofreció soberbio concierto Jorge 
Luis Prats por el Premio Casa

Un soberbio concierto ofreció el laureado pianista cubano Jorge Luis Prats, este domingo en la íntima sala Caturla del teatro Amadeo Roldán como preámbulo al programa del Premio Casa de las Américas 2002, que hoy inicia sus actividades oficiales.

El concierto contó con la presencia de Abel Prieto, ministro de Cultura, Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa de las Américas, Carlos Martí, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y numerosas personalidades de la Cultura.

Para la ocasión Prats seleccionó un repertorio con obras de Juan Sebastian Bach, Cesar Franck, Igor Stravinsky, Andrés Alén, Federico Chopin y Franz Liszt y por último, a petición del público, ovacionando y puesto de pie, las Danzas de Ignacio Cervantes.

Prats impactó por su dominio de las obras, a las que le imprime el exacto espíritu del compositor y su época, el virtuosismo de su pianismo de excepción, sin recurrir en momento alguno a las partituras, virtudes puestas a prueba en la disímil selección hecha para la ocasión.

Momento culminante de su presentación fue sobre todo la interpretación de Tres escenas del ballet Petrouchka, de Stravinsky, a la que otorgó la fuerza y brío del genial compositor ruso y el suave y raro lirismo que requieren algunos de sus pasajes, con tal fluidez que parecía no exigirle esfuerzo alguno.

Otro de los regalos de la presentación fue el Tema con variaciones, de Andrés Alén, sobre la canción La vida, de Silvio Rodríguez, autores que estaban presentes en la sala, en el que parecen abordarse todas las posibles modalidades del título original.

Especial agrado provocó también la Fantasía sobre el Danubio azul, de Schultz-Evler, en la que como en un ensueño Prats hace valsear a todos los que lo escuchan como en ideal embrujo que va desgranado las cadenciosas notas de esa inmortal composición.

El cierre no pudo ser mejor que con la Rapsodia española, del paradigmático Franz Liszt, en versión del propio Prats, en la que con maestría se recrean los aires de la folia y la jota aragonesa, con tal fuerza y entrega que provocó en alto grado el entusiasmo de los presentes.

Varias salidas a escena tuvo que hacer el pianista, quien con especial deferencia preguntó al público qué más deseaba escuchar y lo complació con creces, al interpretar con su depurado estilo las cubanísimas Danzas de Cervantes, que en sus dedos parecen recobrar singulares modulaciones y poesía. (AIN)

21/01/2002

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