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Cándido Fabré tiene por qué cantar OMAR VÁZQUEZ
Cándido Fabré nació el 20 de septiembre de 1959, en la finca La Guadalupe (San Luis, Santiago de Cuba). Cuando estaba en la primaria, se subía a los pupitres a cantar. Había condiscípulos de voces impecables y él era un poco ronquito, pero lo aplaudían y hacía algo entonces muy curioso: con sus hermanos y Rogelio (un amigo fallecido), suplía los instrumentos con la boca (similar al actual Sampling), pero Cándido les hacía nuevas letras a las canciones de moda, y le decían que era un poeta. Ha firmado éxitos que han trascendido nuestras frontera, también en voces como las de Oscar de León, Celia y un largo etcétera. Es un convencido de que "nacer en Cuba es una suerte". Incluso, tras su presentación en el Festival Internacional Caribeño de Salsa de Cartagena (Colombia), un crítico lo describió como "el sonero cubano más versátil" y a sus improvisaciones "las mejores desde el Benny". Este último fin de semana fue noticia en Holguín, al protagonizar el cierre de los festejos de la Semana de la Cultura de esta ciudad. A su regreso del Festival WOMAD (Holanda) y de Estados Unidos, donde actuó con el pianista puertorriqueño Papo Lucca, y promocionar su último DC La Habana quiere guarachar contigo (Tumi Music), se sucede la entrevista que "anhelaba, porque tener las de periódicos de Londres, París o Nueva York es bueno, pero prefiero ocupar un párrafo en el nuestro". Tu estilo de improvisar tiene un gran éxito, pero ha suscitado opiniones controvertidas, pues muchos te ven más como un repentista que como un sonero. ¿Qué opinas al respecto? "Por supuesto, la gente dice: Cándido, el que improvisa. El culpable soy yo, porque mi voz no es potente, soy espontáneo y la disfonía me acompaña siempre. Pero es un triunfo porque esa voz me identifica. Que me consideren repentista no me da tristeza porque para ser un buen sonero tienes que ser improvisador, aunque no me gusta que me encasillen porque soy creador. "Nací y crecí con mis canciones —apunta—, en los 10 años que estuve en La Original de Manzanillo (1983-1993), el 90 por ciento del repertorio era mío. Llevo ocho años con mi banda y todo el repertorio demuestra que soy más que un improvisador. Soy sonero y creador". Ya que mencionas a La Original, ¿qué significó para ti? "Quería que alguien me hiciera esa pregunta, pues nunca pensé tener mi propia banda. Yo vivía enamorado de ella y quise y quiero tanto a Pachi Naranjo que nunca pensé que nos íbamos a separar. El destino no se puede adivinar y tienes que cumplir los objetivos que te trazaste. Cuando salí de La Original, pensé irme para La Habana, pero mi mamá está muy mayor y no quería que me alejara de ella, y para mí era una derrota salir de la zona oriental. Quise grabar algunos números que preparó Jorge Vázquez para la radio, pero cuando la orquesta sonó, me gustó y él me dijo: ¿por qué no nos quedamos con ella? Monté un número que decía: Como la Banda de Fabré no hay, porque tenía un equipo de pelota que ganaba dondequiera, aunque no era el team. Fue un éxito, aunque yo pensé llamarla Rebelión". Todo lo que te ocurre, desde una disfonía hasta el amor, es para ti un asunto de creación musical. ¿A qué obedece? "Uno se alimenta de vivencias, pero también se nutre de un simple pensamiento, de cosas que a diario uno se tropieza. Tenemos la suerte de vivir en un país donde la gente es ritmo, música y si no, te inspiras en una bella cubana o en un buen amigo, como el de Roberto Tamayo (Deja que Roberto te toque...), o un buen deportista. Lo cotidiano es también importante". ¿Cuál es tu valoración del nuevo reflujo de la música tradicional? "Buenavista Social Club ha sido un fenómeno de nuestro tiempo, que alguien con visión se dio cuenta de que Cuba es una gran cantera de música. Creo que los jóvenes debemos alegrarnos de su triunfo, aunque digan que es la música tradicional la que está triunfando. No, yo le digo cubana, que es la que tiene identidad, un sello que todo el mundo la identifica con Cuba". |
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