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Economía Latinoamericana El círculo vicioso de pagar y seguir debiendo FIDEL VASCÓS GONZÁLEZ
Hace ya más de 15 años el Comandante en Jefe Fidel Castro demostró que la deuda externa era impagable e incobrable desde el punto de vista económico, moral y político. Económicamente, porque la fuente para pagar la deuda no alcanza para cubrir todas las obligaciones financieras impuestas en el tiempo establecido, que incluye tanto el pago de intereses como la devolución del principal, que es el monto inicialmente prestado por los acreedores. Moralmente, porque no son los pueblos de los países latinoamericanos los que se benefician con la deuda, pues esta se usa mayormente para la compra de armamentos, la malversación de gobernantes y funcionarios venales, el despilfarro, el robo y traslado privado de parte de esos fondos hacia bancos extranjeros, el pago de honorarios y otros servicios a los propios países desarrollados que prestaron el dinero. Solo una parte minoritaria de la deuda se emplea en programas económicos para el desarrollo. Políticamente, porque el pago de la totalidad de la deuda implica sacrificios intolerables para los pueblos, que ya en gran parte viven en la pobreza y la miseria. El incremento de la explotación que conlleva el pago de la deuda y su inevitable imposición por la fuerza provocarían estallidos sociales y una situación de ingobernabilidad. A mediados de la década de 1980 el total de la deuda externa en Latinoamérica era de 360 000 millones de dólares USA. El tiempo que ha transcurrido desde entonces ratifica la convicción de que mientras más pagan los pueblos explotados por los intereses de la deuda, más crece el monto de esta. Durante los 10 años del período 1992-2001, los 19 países de América Latina y el Caribe sobre los cuales la CEPAL registra información estadística comparable, se han visto obligados a pagar, solo en intereses, la suma de 483 000 millones de dólares USA, mientras que el monto de la deuda se ha incrementado en 238 000 millones de USD, para alcanzar los 709 000 millones. Tres países concentran el 72% de esta deuda: Brasil, México y Argentina. Si a ellos se añaden Colombia, Chile, Venezuela y Perú, la participación en la deuda total se eleva a 91%. En general, el resto de los países de la región tienen una situación económica tan deplorable que no merecen la "generosa atención" de quienes otorgan los créditos. Ello refleja el carácter expoliador de estos préstamos, pues precisamente son estos países más pobres los que necesitan con mayor urgencia el financiamiento externo, si este va dirigido a lograr el desarrollo económico y social que requieren sus pueblos, y no solo como pretexto para explotarlos aún más. Para describir la carga que significa la deuda externa en la economía de un país, se utiliza la relación entre el monto de la deuda y el valor de sus exportaciones totales en bienes y servicios. Desde este punto de vista, en el año 2001 Nicaragua resulta el de mayor carga, con un 706% en este indicador, seguida de Argentina (452) y Brasil (336). La relación entre los intereses devengados y las exportaciones de bienes y servicios mide el nivel de posibilidad real de pagar anualmente dichos intereses, pues una de las fuentes principales para este pago son las exportaciones mencionadas. En este caso, Argentina encabeza la lista, con un 38%, seguida de Brasil (26), Uruguay (23) y Nicaragua (21). Esto significa, por ejemplo, que Argentina debió destinar el 38% del valor de sus exportaciones en el año 2001 al pago de los intereses devengados ese año por la deuda externa contraída. Entre los grandes deudores, es de señalar el caso de México, que presenta la situación menos grave, con un 85% en la relación deuda/exportaciones y un 9% en la de intereses/exportaciones. Con respecto a la población, Argentina es el caso más agudo con una deuda per cápita de 3 841 USD, superando con creces a Chile (2 436) y Panamá (2 216), los que le siguen en este orden. En el año 2001, a cada habitante de los diecinueve países registrados le corresponde, como promedio, una deuda externa de 1 433 USD. La única solución verdadera para este problema de la deuda externa es cortar el círculo vicioso de pagar para seguir debiendo. La cancelación de la deuda es la única salida para suprimir esta noria explotadora y, además, permitiría garantizar el financiamiento para el desarrollo económico y social de los países deudores, si el monto liberado por el no pago es utilizado en interés popular. En definitiva, el monto del principal de la deuda ya ha sido pagado con creces mediante los intereses devengados. Si los acreedores no quisieran perder ni un centavo de su riqueza, el monto no pagado de la deuda así cancelada podría ser cubierto reduciendo los enormes gastos militares incluidos en los presupuestos de los países desarrollados. La formación de una conciencia contra la deuda externa, la unidad de acción y la movilización social y política de los pueblos latinoamericanos, constituyen los factores decisivos para vencer en esta batalla.
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