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Chinolope: retratos de un poeta ANDRÉS D. ABREU
Ya habían pasado las cinco de la tarde y el expositor no aparecía. La sala llena de murmullos y Virginia, la galerista, explicando a todos que el artista había decidido a última hora participar en la presentación de la convocatoria del Premio Julio Cortázar en el Palacio del Segundo Cabo. Nadie se molestó, todos cruzaban la puerta con una sonrisa y la típica frase: Esas son cosas de Chinolope. Intranquilo y muy cubano es ese chino que retrató a Lezama y a Cortázar, juntos, y ahora expone una secuencia de instantáneas tomadas a Roque Dalton en una visita del poeta salvadoreño a La Habana de los años 60, "los más ricos", según el fotógrafo cubano. Se apareció por fin en la sede de Pequeño Espacio (Tercera entre 12 y 14, Miramar) a la hora que llegó con César López. Y lo aplaudieron, por la llegada tardía, por ser como es, un personaje en el mundo de sus personajes capturados, y por las fotos que ya todos habíamos recorrido. Fue por ese fino lente que se robaba un encuentro de Roque con el estro mientras viajaba en una guagua habanera. Allí ¿por qué no? Chinolope se fajaba con su cámara contra los baches o el frenazo y Dalton pensaba: "Los cubanos se endrogan con ruido... Son la evidencia misma de que lo sónico es el elemento más importante del Apocalipsis." Dice nuestro César, poeta y Premio Nacional de Literatura, que la obra del Chinolope es una cacería y en esencia lo que quiere expresar son versos, que la mirada, la luz y el gesto del poeta-amigo-salvadoreño lo impresionaron al punto que pudo salvarse de la charla indetenida del fotógrafo-chino-cubano. Y es cierto que en esos retratos en los que Dalton toma un café en la cafetería del hotel Capri, hay una expresión como ese verso que reza: En Cuba no está mal: un bello humoso, / lento sacrificio en el que el sueño fue fundación. Nadie sabe cómo cayó estrepitoso y de repente el periodista Luis Suardíaz con un texto largo de regalo para el artista del lente. "Una vez el Chino se metió en un ingenio y salió de los tachos con súbitos relámpagos que hicieron bailar a los purgadores", leyó Luis. Y entonces Chinolope metió la mano en un bolsillo y concluyó la tertulia. "Hemos de hallar en lo común y lo inmenso: al hombre y al poeta. Muchas gracias" Rompió un brindis de ron cubano y quedó inaugurada una metáfora de retratos. |
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