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Pálpite La capital de la Ciénaga VENTURA DE JESÚS Pone frente a sus ojos la pesada tapa de canto. Luego, con mano segura, como si hubiera sido albañil toda su vida, Melucho la voltea y va colocando con habilidad una tras otra. Él mismo se queda fascinado.
No tiene que hacer ningún esfuerzo para que se le note la contentura. En realidad se siente asustado y feliz. En apenas dos meses ha levantado su casa cual si fuera un albañil adiestrado. Cuando se percata de que es observado con curiosidad, se voltea y comenta. "Mucha gente se sintió abrumada cuando vio su vivienda en el piso, pero yo le dije a mi esposa: No te aflijas, lo que importa es no perder la esperanza. La Revolución no abandona a nadie... Y no puedes imaginarte lo qué es vivir con esa seguridad". LAS COSAS EN SU LUGAR Aunque todavía se nota el implacable impacto dejado por Michelle, el territorio de la Ciénaga de Zapata ha ido recuperando su belleza. Con el concurso de todos y gracias a la entrega paciente de muchas personas, le han ido restituyendo a esta región su imagen tradicional. Pálpite, que era apenas el primer indicio de la proximidad de la Ciénaga, se ha transformado. Después del aturdimiento provocado por el ciclón, que llegó a tumbar en este lugar 84 viviendas y terminó por reducirlo a un reguero de árboles, sus habitantes se han propuesto levantarlo. Ahora el desmantelado batey vuelve a ser una comunidad ordenada y laboriosa. Incluso, el ambiente parece impregnado por un aire nuevo y más limpio. Pero ha sido al precio de mucho sacrificio. Las hermanas Rosmery y Rosa Machado sustituyeron a su padre en los trajines de la construcción y consiguen salir adelante. "Nunca habíamos hecho algo así. Pero es lo menos que podemos hacer por el viejo, que tiene 78 años de edad y ahora se encuentra enfermo", dice Rosmery, quien es trabajadora de Guardafronteras. Soportan los inconvenientes con firmeza. "Aquí se trabaja todos los días hasta las 9 y las 10 de la noche, bajo el azote de los mosquitos y el jején. Pero no nos dejamos vencer y sabemos que nuestro padre está loco de felicidad por ver su casita nueva ya terminada", explica Rosa, mientras manipula con habilidad la cuchara de albañil. ENERO, UN BUEN MES En el actual mes deben concluirse algo más de 10 viviendas en la Ciénaga. Es poco si se piensa en las 848 que deben levantarse en total, pero alienta saber que la casi totalidad están iniciadas, y unas 272 se encuentran bien avanzadas. Es la opinión de José Luis Suárez, primer secretario del Partido en el territorio. Comenta que es difícil encontrar una vivienda que no haya sido removida por el huracán. El volumen de casas afectadas asciende a 2 276, el 83 por ciento del fondo del municipio. Revela José Luis que este tipo de encomienda es un gran reto para los pobladores, no acostumbrados a construir viviendas de esta naturaleza. "Eso sí, tú le pides a un cienaguero que te haga una casa de madera y te la levanta en tres días". Sin embargo, asegura que se experimenta un avance y que la gente ha ido demostrando en la marcha que se puede. "Todas las mañanas, después del paso del ciclón, nos levantamos con el propósito de devolverle la imagen a la Ciénaga y especialmente a las comunidades". LO QUE ME FALTA ES UN "KÍKIRI" Carmelo Bouza Martínez tenía alrededor de 10 años cuando le comenzaron a llamar por el apodo de Melucho. Pocas personas en el barrio conocen su verdadero nombre. Por estos días él y su esposa parecen dos novios dichosos. No se lamentan de la mala hora en que Michelle les tumbó su casita de madera y guano.
"Todos los días no se puede construir una casa así. Estamos muy contentos realmente, al igual que otros muchos que la tienen casi terminada. Ya lo tenemos todo, incluido el juego de baño. Solo necesito dar el fino y algunos otros detallitos. Esta fue la primera casa a la cual se le puso techo. Esto es poco a poco, pero lo que nos falta para vivirla es un `kíkiri'." Dicharachero al fin y con esa gracia natural del cenaguero, comenta: "Tú sabes lo qué es vivir en una casa así. Nosotros que lo que teníamos era un kimbo. La primera noche no voy a dormir, me voy a pasar la madrugada sin sueño hasta la hora de levantarme". Dice su esposa que en el fragor encarnizado del huracán, Melucho concibió la irracional decisión de salir al patio a ver la suerte que había corrido la puerca recién parida. "Increíblemente no se murió ni uno solo de los nueve. Así es de travieso el destino, porque aquí no quedó nada en pie". Le comento que un día después del ciclón, Pálpite parecía todo menos un poblado, que había un desorden increíble, como si algo extraño hubiera arrasado con todo. Entonces miró a través de una de las ventanas de su nueva casa, y al ver la laboriosidad de otros vecinos, incluidas muchas mujeres, dijo con una sonrisa de gratitud: "Mira, cuando esto se inició no había siquiera un plomero. Las primeras instalaciones las hizo Vladimir Góngora, el asesor de la Vivienda. Luego apareció alguien de la localidad que había tenido ese oficio en su juventud. Tenemos el caso además de un albañil de Cárdenas que vino a ver a su familia... y se quedó. A los dos les hicieron contrato para que ayudaran a los damnificados. "Yo se lo dije a mi mujer, que había que confiar. Y ya ves, Fidel no se olvidó de nadie. La gente tampoco se ha afligido y con su trabajo ha ido transformando esta comunidad en una de las mejores del municipio. Hay quienes dicen incluso que cuando se concluya será la capital de la Ciénaga." |
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