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10/01/2002
Portada de hoy

Reforma Universitaria de 1962

Punto de partida
de una
universidad para todos

Alberto Núñez Betancourt

Con la Reforma Universitaria, Mella y los muchos mártires que por la revolución social consagraron sus vidas, renacieron aquel 10 de enero de 1962, afirmaron los participantes en la Mesa Redonda dedicada ayer a ese importante acontecimiento de hace cuatro décadas, que significó el comienzo de una universidad para todos.

Foto: ALBERTO BORREGOAl inicio del espacio televisivo, Eduardo Torres Cuevas, director del Centro de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, de la Facultad de Filosofía e Historia, relató los antecedentes de la Reforma Universitaria de 1962 y para ello se refirió a los esfuerzos de pensadores del siglo XIX como Félix Varela, por cambiar el carácter escolástico de esa institución y dotarla de la cientificidad necesaria. Por ese camino, el Padre Varela tuvo en José Martí a un consecuente continuador y más tarde al destacado pedagogo Enrique José Varona, portador de un proyecto transformador para la alta casa de estudios.

Añadió que en 1918 se inicia un proceso de maduración del movimiento estudiantil, motivado sobre todo por la Reforma Universitaria de Córdoba, Argentina y la naciente Revolución socialista de octubre. El líder indiscutible de aquellas jornadas fue Julio Antonio Mella.

Si bien hubo momentos de reformas también ocurrieron otros de contrarreforma durante los gobiernos tiránicos de Machado y Batista, apuntó el panelista.

Armando Hart Dávalos, presidente de la Sociedad Cultural José Martí, y en 1962 ministro de Educación, recordó el extraordinario mérito de Mella de plantear que la Reforma Universitaria no podía ser realizada sin la Revolución social y sus iniciativas para vincular el movimiento estudiantil al obrero.

Dijo que la Reforma emprendida por la Revolución significó la transformación radical de los métodos y contenidos de enseñanza, además de convertirse en una experiencia política y social. Hart rindió homenaje a las prestigiosas figuras académicas, revolucionarias y dirigentes de la FEU que llevaron a cabo ese proceso.

Un propósito esencial de entonces era que a esa nueva universidad, solo posible con el triunfo revolucionario, pudieran ingresar los hijos de los trabajadores, de los campesinos, los negros y los mulatos como pidiera el Che y que se hizo posible inmediatamente.

Fueron años fecundos para el movimiento estudiantil cubano, manifestó el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada, dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria por aquella fecha. Ese esfuerzo colectivo —señaló— tenía como motivación especial una revolución triunfante capaz de realizar las grandes transformaciones que se demandaban.

Agregó que la FEU encontró una situación muy compleja, porque sus principales líderes habían muerto precisamente en aras de lograr la libertad y enfrentábamos a elementos de pacotilla metidos en la institución con ánimo de sabotear los cambios positivos. Se dio en la colina una gran batalla de ideas diaria que la Revolución ganó. El imperialismo y la reacción nunca pudieron derrotar al estudiantado revolucionario de la universidad, a pesar de emplear los peores métodos, entre ellos el terrorismo que hacía explotar automóviles en la céntrica Plaza Cadenas.

Destacó la original idea del Comandante en Jefe, antes de materializarse la reforma, de ofrecerles oportunidad de estudios superiores a muchísimos jóvenes que colmaron los edificios más altos de La Habana convertidos en becas. Fue un movimiento político, de masas, que partía de las mejores tradiciones revolucionarias.

El doctor Torres Cuevas calificó aquellos años iniciales como transformadores de la sociedad, de los hombres y mujeres. Esa voluntad comenzó en enero de 1959 con la ley 11 que eliminó el carácter privado de la universidad. Abrir la universidad al pueblo fue la señal inequívoca del cambio radical en el ámbito político, social y cultural.

Fernando Vecino Alegret, actual ministro de Educación Superior, relató que en 1976, cuando se crea el Ministerio, ya habían 83 000 estudiantes universitarios, cifra muy superior a los 15 000 que encontró la Revolución. Conquistas posteriores, consecuencia de la Reforma, fueron el logro de una formación científica integral, el empeño de instruir y formar a partir de nuevos planes de estudios, incorporar nuevas carreras acorde con las necesidades del país, la graduación de profesionales provenientes del Tercer Mundo, entre otras.

El valor principal de la reforma es romper la dicotomía entre intelectuales y el pueblo, indicó Hart e insistió en que como ese suceso es continuo estamos comprometidos a trabajar por la mejor preparación de las futuras generaciones.

Para ello hay que lograr una educación y cultura general integral y masiva muy vinculada al movimiento social.

Agregó que debe ser tarea de las universidades desarrollar ese propósito de cultura general integral y masiva, del cual es promotor Fidel, lo vemos hoy en los muchos proyectos que llevamos adelante y constituye una concepción filosófica y revolucionaria imprescindible en el siglo XXI para Cuba, América y el mundo.

Ernesto Fernández Sánchez, miembro del Secretariado Nacional de la FEU, significó que en los años de Revolución los jóvenes cubanos han recibido una universidad nueva, transformada. En tal sentido, dijo, nos corresponde como generación extender esa reforma. Eso hará posible que la universidad siga siendo de toda la sociedad, del pueblo de Cuba.

En los últimos minutos el Ministro de Educación Superior expresó que el principal empeño de la universidad cubana hoy y de cara al futuro es lograr en los estudiantes la formación político ideológica y profesional más completa.

10/01/2002

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