![]() |
|
Felicidad y seguridad de la familia cubana 40 años de vacunación JOSE A. DE LA OSA El paso indetenible del tiempo no ha podido siquiera atenuar, casi medio siglo después, una imagen que guarda imborrable en su memoria el doctor Miguel Ángel Galindo Sardina, "un salubrista hecho para servir a su pueblo y no para lucir grados científicos", como lo ha calificado tan justamente el Historiador del MINSAP.
Hoy, a sus 69 años de edad, se mantiene en plena actividad laboral como Jefe del Programa Nacional de Inmunización del Ministerio de Salud Pública desde 1981, al que se siente indisolublemente unido porque desde 1962 viene dirigiendo este programa, primero en municipios, y luego, sucesivamente en regiones y provincias. Con una visión social ganada por el quehacer humano de la Revolución, confiesa, a los 40 años de iniciados los programas de vacunación en nuestro país no duda en afirmar que la obra realizada en estas décadas podría constituir un sueño para no pocos países de nuestra América y del mundo. LOS RECUERDOS Corría el año 1961 cuando se celebra en La Habana el Primer Foro de Higiene y Epidemiología. A propuestas de los delegados se elabora un Programa de Inmunización que es aprobado ese mismo año por el Ministerio de Salud Pública. Inicialmente el programa estaba dirigido a la prevención de cinco enfermedades: poliomielitis, difteria, tétanos, tos ferina y las formas graves y diseminadas de la tuberculosis. ¿Por qué la necesidad del Programa? Con un notable subregistro, por la inexistencia de estadísticas sanitarias confiables en esa época, se reportaba cada año el fallecimiento de unos 500 niños, resultado de enfermedades trasmisibles como la tos ferina, el sarampión y el tétanos neonatal, fundamentalmente. Anualmente, también, se producía la discapacidad de alrededor de 300 niños por parálisis pospolio; y solo el síndrome de la rubéola congénita dejaba con secuelas —enfermedades del corazón, ciegos o sordos— a 200 niños. Los esfuerzos iniciales del Gobierno Revolucionario se dirigieron al establecimiento de una doble estrategia: realizar campañas masivas para garantizar en un corto período altas coberturas de vacunación en la población infantil y, simultáneamente, instaurar un programa de inmunización de forma permanente. En fecha tan lejana en el tiempo como 1962, en el discurso inaugural del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, en La Habana, Fidel planteaba con claridad meridiana la política de la Revolución: "¿Cómo arremete la Revolución contra las enfermedades?", preguntaba entonces. Para afirmar categóricamente: "Previniendo por medio de la vacunación esos tipos de enfermedades (las prevenibles por vacuna). Y así iremos combatiendo enfermedad por enfermedad, así iremos disminuyendo el número de epidemias, el número de víctimas. Y así se irá cumpliendo el gran propósito de ir pasando de la medicina terapéutica a la preventiva. Es decir, evitando que se enfermen los ciudadanos". Es historia conocida que, en la actualidad, el programa de inmunización que desarrolla el Ministerio de Salud Pública, con el apoyo de la comunidad en su conjunto, abarca la protección de 13 enfermedades, con una cobertura que sobrepasa el 98%, lo que se traduce en que un niño cubano recibe, en sus dos primeros años de vida, 19 dosis de vacunas. IMPACTO DE LA VACUNACIÓN Los resultados están a la vista, y avalados por organismos internacionales como la OMS, la OPS, la UNICEF. Se han eliminado de la faz de nuestro territorio la poliomielitis (1962), la difteria (1979), el sarampión (1993), la rubéola y la parotiditis (1995), la tos ferina (1997). A esas seis enfermedades erradicadas debe sumarse la desaparición de la denominada forma clínica del tétanos neonatal (1972), dos complicaciones severas que son el síndrome de rubéola congénita y la meningoencefalitis posparotiditis (en 1989). Otros no menos importantes beneficios para la salud lo constituyen la erradicación, en prácticamente un 90%, de enfermedades producidas por el haemophilus influenzae, un agente bacteriano causante de varias infecciones que amenazan la vida de los niños menores de cinco años, y responsable también de secuelas graves como retardo mental, sordera y ceguera. Asimismo, la incidencia de la hepatitis B muestra hoy una reducción del 98% solo en los menores de 15. Los miles de vidas salvadas en estos años, y también las secuelas evitadas, por las masivas y sistemáticas campañas de vacunación, se sustentan en la filosofía indeclinable de la Revolución de que la salud es el primero de los derechos humanos, y contra viento y marea (léanse criminales guerras económicas contra nuestro país, inhumano bloqueo de EE.UU.) privilegian a todos los ciudadanos sin excepción y, sobre todo, a la madre y al niño.
No resulta casual por ello que padres y familias en general en nuestro país experimenten una verdadera tranquilidad, felicidad y seguridad durante el crecimiento y desarrollo de sus hijos. ¿Puede existir premio mayor ante tan colosal obra de la Revolución?... El profesor Galindo, quien recibió el Premio OPS de Inmunización, considera que "haber acompañado modestamente esta obra inmensa de la salud en Revolución, es un orgullo para cualquier médico con acendrada visión social". O mejor, precisó: "Para mí constituye un sueño hecho realidad".
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|