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Mella, el fundador PEDRO A. GARCIA En 1928, el tirano Machado evidenció su deseo de perpetuarse en el poder. De un zarpazo, suprimió todas las libertades públicas, modificó la Constitución y se reeligió 6 años como presidente. Una voz conmocionó entonces a la opinión pública nacional: "Tan solo queda reconquistar las libertades por el mismo camino que la obtuvieron los Libertadores y los Emigrados del 95". Era Mella.
Como consideraba su lucha una continuación de aquella emprendida por Martí, creó la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), una organización de frente amplio para agrupar a todos los patriotas que abogaran por el derrocamiento de Machado y la transformación radical del sistema neocolonial imperante. Al tirano no se le escapó el peligro que significaba para él una oposición revolucionaria unida. "Hay que matarlo", conminó a sus sicarios. El 10 de enero de 1929, en la calle Abraham González, de la capital mexicana, caía abatido de dos balazos por la espalda Julio Antonio Mella. Antes de fallecer, según testigos, pudo acusar a Machado como instigador del crimen. PASIÓN DE FUNDADOR Desde su ingreso en la Universidad, a los 18 años (había nacido el 25 de marzo de 1903), mostró sus inquietudes por la problemática nacional. Sus escritos comenzaron a salir publicados en la revista Alma Mater, de la que fue su administrador. Principal animador del movimiento de Reforma Universitaria, figuró también a la cabeza entre los fundadores de la FEU (1922). Comprendió que el problema estudiantil era uno más dentro de la problemática de la neocolonia. Escribiría por aquellos días. "La Universidad de La Habana padece de los mismos males que la república cubana y los jóvenes cubanos son los únicos que, actuando con decisión y energía, con gran virtud, con gran moral, pueden salvar pronto a Cuba de la grandísima crisis que atraviesa". Organizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, donde abogó por la necesidad de que estos divulguen sus conocimientos entre los obreros. Esta propuesta suya fue la génesis de la Universidad Popular José Martí, que creó junto con el líder obrero Alfredo López. Rubén Martínez Villena también participaría en este noble proyecto. Sus lazos con el proletariado se fueron estrechando. Ingresó en la Agrupación Comunista de La Habana. Escribió asiduamente en periódicos obreros. Fundó la Liga Antiimperialista de Cuba. Delegado al congreso constitutivo del primer Partido Comunista, lo eligieron allí miembro de su Comité Central. Devino así el líder del movimiento revolucionario más destacado de su época. Un compañero de luchas, Manuel A. Cotoño, escribiría: "Hablando, su lógica era contundente. Su palabra firme y clara, sostenida a un mismo ritmo durante todo el discurso, era convincente; tan convincente que no dejaba lugar a discusión. Y algunos oyendo a Julio Antonio en la tribuna habían dicho que era un martillo pensando". Falsamente acusado de terrorismo por el régimen, emprendió una huelga de hambre en la cárcel. Liberado por la presión popular, marchó a México. Allí fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de ese hermano país y su secretario interino. Allí también fundaría la ANERC para iniciar la lucha armada contra el machadato. LA ESTRATEGIA DEL 95 En abril de 1928, en el artículo "¿Hacia dónde va Cuba?", argumentó que el derrocamiento de la tiranía machadista solo era posible mediante una estrategia similar a la de Martí en el 95. Para la "revolución democrática, liberal y nacionalista, ya latente en los hechos", pensaba integrar a las masas de los partidos políticos burgueses, oposicionistas a Machado, a los estudiantes, obreros y campesinos en un amplio frente de lucha. Comprendió antes que muchos de su tiempo que sin liberación nacional no habría liberación social, aunque aclaraba: "Liberación nacional absoluta solo la obtendrá el proletariado (...), por medio de la revolución obrera". Como Martí, pensaba organizar una expedición armada para inciar la insurrección popular. Según su compañero de luchas Leonardo Fernández Sánchez, revolucionarios mexicanos pusieron a su disposición un buen alijo de armas y el propio Mella, en un viaje secreto a Veracruz, gestionó la posibilidad de trasladar hombres y armas a Cuba. Cuando Fernández Sánchez inició contactos en La Habana con el veterano coronel mambí Peraza, fue detectado por el aparato represivo del régimen, gracias a una delación. Machado ordenó la muerte de Mella y la casualidad quiso que las condiciones fueran propicias para el crimen aquella noche en la calle Abraham González. Con la muerte de Mella nunca
llegó a concretarse esa expedición, que seguía los pasos del proyecto
martiano de Fernandina, también tronchado por una vil delación. Años
después, continuando el camino trazado por Julio Antonio, el Granma
partiría de tierras mexicanas con idéntica estrategia y llevaría el
proyecto de insurrección popular armada hasta la victoria. |
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