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08/01/2002
Portada de hoy

Las ciencias sociales y humanísticas
en la Batalla de Ideas

DARÍO L. MACHADO RODRÍGUEZ

La Revolución Cubana ha generado una transformación cultural integral de la sociedad. Como resultado del proceso revolucionario se han afianzado en nuestra identidad cultural los rasgos positivos que hacen del cubano de hoy un ser más pleno y libre. Nuestro pueblo ha cambiado para mejor. El cubano de hoy es más instruido y culto, más capaz, más científico, más humano y solidario, amante de la naturaleza, tiene mayor esperanza de vida y gusto por lo nuevo, es optimista y luchador. Las grandes mayorías en Cuba son revolucionarias, patriotas, antimperialistas, socialistas e internacionalistas.

La obra cultural de la Revolución tiene entre sus logros el de haber formado a cientos de miles de profesionales, maestros, profesores que se relacionan de múltiples maneras con las ciencias sociales y humanísticas. Varios miles de profesionales se dedican de modo sistemático, a tiempo completo o parcialmente, a las investigaciones en este campo de las ciencias.

La continuidad de la construcción del socialismo, exige la solución de numerosos problemas nuevos, requiere experimentación y comprobación, requiere desarrollar las mejores vías y métodos para la formación de valores en las actuales condiciones; se necesita no solo desentrañar la naturaleza del capitalismo hoy y cómo este influye en el mundo y en nuestra propia sociedad, sino también definir los puntos nodales donde la teoría económica y política del socialismo está requerida de elaboración y desarrollo, definir los planos donde podemos enriquecer la vida espiritual de la sociedad, aportar los resultados de estas ciencias al objetivo estratégico de desarrollar y consolidar una cultura general integral.

Se ha repetido con toda razón la advertencia martiana acerca de que la guerra mayor que se nos hace es a pensamiento, y las sucesivas generaciones de profesionales de las ciencias sociales y humanísticas formadas a lo largo de más de cuatro décadas, se han educado en el magisterio de Fidel quien sintetizó en 1969 la actitud de la Revolución: "...nunca tendremos una posición dogmática. Los oídos de la Revolución siempre estarán abiertos a la verdad, a los resultados, a las investigaciones, siempre estarán abiertos a toda idea positiva, nunca habrá dogma en este terreno."1 Esta es una idea clave y profundamente revolucionaria.

Los trabajadores dedicados a la actividad científica en el campo de las ciencias sociales y humanísticas tienen, en consecuencia, la misión de estudiar nuestra experiencia en la consecución de los objetivos socialistas, el impacto de las políticas definidas, de los planes y acciones en curso, hacer aportes concretos para su mejor aplicación y obtención de mayores y más eficientes resultados, así como contribuir a la propia formulación de estas políticas, planes y acciones.

Se trata también de contribuir al diagnóstico de la situación del ser humano en el mundo actual, y las salidas para superar los problemas globales agudizados o causados por la orgía neoliberal, en primer lugar la lucha contra la pobreza, por una seguridad alimentaria para todos, los problemas de la educación, la salud, la paz y el desarrollo, el impacto que tienen en la sociedad las nuevas tecnologías y la formación de una actitud esencialmente humana hacia estas, de manera que estén al servicio del hombre y no a la inversa, estudiar los graves problemas medioambientales que ponen en peligro la especie humana, la amenaza que la filosofía del consumismo, el egoísmo y el pensamiento único representan para la riquísima diversidad cultural forjada por milenios por la humanidad.

La actividad científica en el campo de las ciencias sociales y humanísticas en la sociedad cubana se define en primer lugar por su abierto y reconocido partidismo. Este se refiere no solamente al criterio elemental de una cosmovisión científica del mundo, pues de ciencias estamos hablando, sino, en primer lugar, al compromiso real y consciente de contribuir a la construcción del socialismo en nuestra Patria, participando activamente en las soluciones prácticas y en la elaboración teórica de los procesos sociales fundamentales. Lo anterior requiere que la actividad científica se oriente de manera prioritaria en función del equilibrio social necesario para el desarrollo material y espiritual de los cubanos. Por otra parte, el compromiso con el progreso social implica el principio de fidelidad a la verdad científica, lo que impone el máximo rigor teórico-metodológico y la excelencia en la actividad investigativa.

El partidismo solo cobra sentido cuando es consciente, cuando se hace principio cotidiano en la vida de los profesionales de las ciencias sociales y humanísticas, su libertad de pensar y estudiar, está indisolublemente vinculada con el compromiso social de forjar un mundo mejor. De aquí que un plano particularmente importante en la práctica científica en este campo es el referido a la articulación de los intereses colectivos e individuales de investigación y estudio con los intereses sociales que dimanan de las prioridades del desarrollo económico, social y cultural, contenidas en las diferentes direcciones definidas en el país, siempre teniendo como principio la mayor jerarquía de estas sobre los intereses colectivos e individuales.

La participación de las ciencias sociales y humanísticas en la Batalla de Ideas impone al profesional de estas ciencias, el estudio y la superación sistemáticos, la capacidad de poner constantemente a prueba sus propias conclusiones, de estar abiertos a los nuevos problemas, a los puntos de vista de otros, de no encerrarse en los marcos estrictos de su especialidad, sino abrirse a otros enfoques, y tener siempre presente el lado práctico-transformador de su labor. Esto incluye desde la capacidad de exponer de modo claro, sencillo y riguroso los resultados de sus estudios, pasando por el seguimiento del impacto de estos en la práctica social, y su enriquecimiento como resultado de esa práctica.

No en último lugar los profesionales de las ciencias sociales y humanísticas estamos llamados a incrementar nuestros esfuerzos en la educación y formación del pueblo, en particular de los jóvenes y los niños. Uno de los objetivos fundamentales en este orden es contribuir a formar una visión integral acertada sobre los principales problemas del mundo de hoy, sobre las características esenciales de nuestra sociedad, los retos que enfrentamos, los valores que debemos defender, los objetivos que debemos perseguir, y la importancia de desarrollar y consolidar nuestra identidad cultural.

 

1 Castro, Fidel, Ciencia, tecnología y sociedad, 1959-1989, Editora Política, 
   La Habana, 1990, pág. 52

08/01/2002

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