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Cachemira, asunto peligroso ARNALDO MUSA Las diferencias entre la India y Paquistán sobre el controvertido asunto de Cachemira han vuelto a tomar un matiz peligroso, con la intensificación de los combates fronterizos entre ambos ejércitos y las incursiones de extremistas islámicos basados principalmente en territorio paquistaní contra objetivos civiles y militares indios.
Esto, indudablemente, ha facilitado el accionar de los elementos irregulares integristas, que comprende desde ataques frontales hasta acciones suicidas, como las dos realizadas contra la asamblea estadual en Srinagar, la capital, la última este jueves, y el Parlamento Nacional. Algunos olvidan que los problemas del subcontinente indio surgieron inicialmente con la partición impuesta por el colonialismo británico y fueron agudizados posteriormente con la política norteamericana en la región. Hasta que la Unión Soviética estuvo en escena, sin desintegrarse, la actitud norteamericana fue influida por el espíritu de la guerra fría. La política no alineada de Nueva Delhi, no plegada a los intereses norteamericanos, conllevó el "castigo" de Washington. Fue Washington el que introdujo sofisticadas armas en el sur asiático y desató la carrera al respecto entre la India y Paquistán. Cuando el secretario norteamericano de Estado, Colin Powell, exhortó en octubre último a Paquistán y a la India a que dirimieran con el diálogo sus diferencias en relación con Cachemira, lo hacía primordialmente para que Estados Unidos tuviese las manos libres en sus masivos ataques contra Afganistán. Powell prometió mucho para granjearse el mayor apoyo de Islamabad y tratar de eliminar cualquier diferencia con Nueva Delhi en ese espinoso tema. Pero ni antes ni ahora ha habido una intención pacífica estadounidense en un problema que ha provocado dos guerras entre ambas naciones. EE.UU. ha sido acusado también de coadyuvar al esfuerzo paquistaní para tener su bomba atómica y contrarrestar la ventaja india al efecto, pese a desmentidos y supuesta aplicación de enmiendas "de castigo" para los países no miembros del Consejo de Seguridad que tengan armas nucleares. Asimismo, siempre ha alentado a Paquistán para que incumpla los Acuerdos de Simla, firmados con la India en 1972, que estipulan la no utilización de "amenazas o uso de la fuerza contra la integridad e independencia de cada uno". Ellos fueron firmados tras una de las tres guerras indo-paquistaníes, dos de las cuales relacionadas con el problema del estado de Jammu y Cachemira. Ahora Washington dice preconizar la paz entre ambas naciones, porque están en juego sus intereses, ya que un conflicto en estos momentos se le pudiera escapar de las manos y dar al traste con sus planes de afincarse en una región rica en recursos, con reservas petroleras tan caras a su economía y una situación geográfica donde tendría a mano a naciones nada afines. ¿Solución? Difícil para dos países que tienen el mismo origen y cuya partición, repetimos fue fruto del ingenio del colonialismo británico para que la división calara hondo cuando la lucha independentista india le obligó a marchar. Con la influencia norteamericana allí cualquier arreglo sería puramente verbal, transitorio, porque la verdadera solución debe pasar por el campo de la cooperación que conduzca al desarrollo económico. La tregua a las diferencias
indo-paquistaníes sería de gran importancia para la paz y la estabilidad
general, así como una base de apoyo para establecer relaciones amistosas
y duraderas en un futuro. |
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