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A 43 años de campañas contra Cuba Nuestro bello "infierno" NICANOR LEÓN COTAYO Estos días iniciales del 2002 me han hecho recordar que 43 años atrás fue lanzada en los Estados Unidos una de las primeras campañas propagandísticas contra la Revolución Cubana. Hablaban con tono escandalizado de la puesta en marcha aquí de "un baño de sangre", y un senador, Wayne Morse, llegó a declarar que en la Isla se estaba montando un verdadero "Estado policiaco" dirigido a reprimir a los opositores. ¿Causa de esta primera gritería? Los juicios realizados a torturadores y asesinos de la tiranía de Fulgencio Batista que no lograron escapar y refugiarse junto a otros de su misma catadura en territorio estadounidense. De esta forma salió a flote uno de los primeros antecedentes de las campañas fraguadas en ese país con el ánimo de presentar y hacer circular por el continente y el mundo una deformada realidad cubana. Y ello se ha extendido desde la burda falacia del "baño de sangre" en 1959, hasta el más reciente caso de los "espías cubanos" fabricado por grupos terroristas de origen cubano radicados en Miami, porque cinco héroes de la Isla se infiltraron en sus filas y estropearon algunos de sus planes. Esa larga y no terminada historia de campañas deformadoras ha tenido un denominador común: presentar la imagen de Cuba como un infierno. Pero la justeza o no de un sistema económico, político y social se demuestra a través de hechos concretos. Lo demás es teoría o burda propaganda. Lo otro es responder estas preguntas: ¿A quién benefician esos hechos concretos? ¿A una minoría o a la inmensa mayoría de una nación? La gigantesca maquinaria propagandística de las esferas oficiales de Estados Unidos siempre ha evadido esas preguntas, y mucho más la respuesta. Al terminar el año 2001, por ejemplo, el Producto Interno Bruto de Cuba creció en un 3%, mientras en América Latina como promedio creció en un 0,5%, en Estados Unidos en un 1% y en la Unión Europea en un 1,5. Lo más significativo es que Cuba logró incrementar su economía a pesar del conocido bloqueo estadounidense, del descenso en los precios de sus principales productos de exportación, de afectaciones en su actividad turística, del aumento de los precios en productos que adquiere en el exterior y de haber sufrido el fuerte golpe de un ciclón. Junto a eso, cerró el año 2001 con una tasa de mortalidad infantil de 6,2 por cada mil nacidos vivos, cifra comparable a la existente en un país tan desarrollado como Canadá, e incluso menor a la de Estados Unidos. Pero se trata solo de dos ejemplos, crecimiento económico y mortalidad infantil, porque Cuba exhibe además, entre otros, relevantes conquistas en el frente de la educación, de la salud pública, de la seguridad social, de las ciencias, del deporte y las artes. Cuando en esta Isla triunfó la Revolución en enero de 1959, la esperanza de vida solo llegaba como promedio a los 55 años de edad, mientras hoy es de 76 años. Sin embargo, desde hace más de cuatro décadas una permanente lluvia de propaganda cocinada en Washington y reforzada en Miami ha tratado de presentar a Cuba como un infierno donde no hay democracia y se violan atrozmente los derechos humanos. Sobre este escenario resulta interesante preguntar: ¿Desde cuándo en el Infierno se ha reducido grandemente la mortalidad infantil? ¿Cómo es posible que en el Infierno aumente la esperanza de vida? ¿Desde cuándo en el Infierno se alcanzan grandes logros en la seguridad social y se avanza con paso seguro hacia la conversión de sus habitantes en una comunidad cada vez más culta? Entonces, si la superioridad de un sistema económico, político y social se demuestra con hechos concretos, el caso de Cuba, en medio de un mundo saturado de calamidades, representa una clara lección al respecto. Sobre todo, no es posible
olvidarlo, cuando ha tenido que subsistir y avanzar enfrentando el
permanente y feroz acoso de 10 gobiernos de Estados Unidos que no le han
perdonado ser independiente y haber aplicado un programa de justicia
social a favor de la inmensa mayoría. |
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