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04/01/2002
Portada de hoy

Polo Montañez: la identidad, 
pasaporte a la fama

Elena Milián (Especial de la AIN)

Las rústicas manos delatan su origen, y sus melodías las pasiones de más de cuatro décadas vividas por un hombre que aceptó la fama con la naturalidad de quien mira correr el agua del río.

Es el cantante pizarreño Polo Montañez, tercer cubano premiado con disco de platino y el único en lograrlo con su primera placa, titulada Guajiro Natural, donde se recopila apenas una muestra de las más de 100 canciones compuestas por el artista autodidacto, de permanente sombrero blanco y botas altas.

Fernando Borrego Linares, en exclusiva con la AIN, rememora como desde su niñez, cuando lo apodaron Polo, surgieron en un acordeón los primeros sonidos en los guateques o fiestas campesinas del fugaz ocio nocturno de su numerosa familia de 12 hermanos en la finca El Brujito, de Sierra del Rosario, hasta la actual popularidad internacional ganada a base de identidad.

—¿Cómo llega Polo al mundo artístico?

En 1994, con la inauguración del hotel Moka, comencé mi carrera como músico profesional para amenizar las veladas nocturnas en ese centro turístico, en la comunidad montañosa de Las Terrazas, en la provincia de Pinar del Río.

Así mi arte llegó a través de un amigo al representante de la disquera francesa Lusafrica, con la cual grabé mi primer CD y tengo comprometidos tres más.

—¿Después del éxito, aún eres un Guajiro Natural?

iAlabao, claro que sí! Yo no puedo creer que el trabajo de años, guardado con tanto celo y un poco de incertidumbre, sea tan valioso. Fíjate, cuando termino de grabar vengo de nuevo para las lomas entre los ríos y árboles que son mi mejor escenario.

De la fama lo único que me gusta es que cada vez tengo más amigos, no puedo envanecerme porque la mayor parte de mi vida fui ordeñador, carbonero, tractorista, tipógrafo y machetero, y esos oficios te curten el espíritu.

Además, me asombra que el mundo entero reconozca mi arte. Sin embargo, en Colombia, donde no muere la pasión por mi canción Un montón de estrellas y entre los jóvenes cubanos, es donde más feliz y realizado me siento.

—¿Cómo defines tu música?

Por ser caribeña es un gran ajiaco, una fusión de bachata, son, bolero, tan indefinible como el trinar de las aves en las lomas; pero siempre respondo por la elegancia de las letras, y es que no concibo la vulgaridad ni siquiera en los códigos de la música bailable, pues lo más importante es transmitir un mensaje con cierta dignidad.

Ese goce estético también se lo debo a esta Revolución, que da la oportunidad de que guajiros como yo estudiemos; entonces el arte campesino cada vez logra más poesía.

—Influencias...

Como le dijo Nicolás Guillén a Silvio Rodríguez: "Cada cual tiene la influencia que merece". Yo diría que, en mi caso, la de Ignacio Piñeiro, Cándido Fabré, Manolito Simonet porque le canto a Cuba, a la mujer, la religiosidad, y si hablo de preferencias: la voz de Liuba María Hevia y el ritmo de Juan Luis Guerra.

Mis letras reflejan vivencias muy personales, todas las canciones del primer CD están dedicadas a una mujer muy especial, que me acompañó con ternura y lealtad en una etapa muy importante de mi vida.

—Proyectos...

A mediados de este mes grabaré el segundo disco con Lusafrica, consta de 12 canciones llenas de "romanticismo salsoso", pero estamos definiendo si le dejamos o no el título de Le zumba el mango, pues esa frase tan criolla parece que no es muy comercial.

Dos de esos temas —Flor Pálida y Suave y divina— me los inspiró mi actual compañera, Adys García Álvarez, una pinareña típica del municipio de San Cristóbal, con quien he vivido en los últimos tiempos.

Por otra parte, estoy fascinado con la posibilidad de grabar un disco de boleros, guarachas y sones junto a Francisco Repilado, el Compay Segundo, y concluir el trabajo de musicalización de los poemas del compatriota Antonio Guerrero.

Además, debo seguir la promoción de Guajiro Natural en otros países y tengo previstos conciertos en plazas abiertas para el disfrute de la juventud cubana (tras realizarse esta entrevista, Polo realizó su primera presentación el primero de enero en la ciudad de Pinar del Río).

—¿Cómo mantienes la relación con tu terruño natal?

Vuelvo siempre a el. En El Brujito y otras localidades cercanas se mantienen intactas las tradiciones musicales. Cada vez que puedo revivo las canturías y tertulias con amigos de la infancia.

Hace poco hice un concierto allí y me siento parte de esa tierra privilegiada por la exuberancia y belleza de sus paisajes y por la vitalidad de su movimiento artístico, muy pegado a las raíces culturales cubanas; ejemplo de ello es la comunidad de Las Terrazas, a cuyo museo doné los discos de Oro y de Platino.

Ese es Polo Montañez, el Guajiro Natural que logró hacer real el sueño de universalizar la música de la campiña pinareña, con esa suerte de eco multiplicador de un valioso mensaje de autenticidad hacia un mundo que comienza a mirarse por dentro.

 

04/01/2002

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