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01/01/2002
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Cultura, creación y plenitud

LUIS SUARDÍAZ

En noviembre de 1993, durante el V Congreso de la UNEAC, cuando ya habíamos vivido años sumamente difíciles en lo más crudo del período especial y se avecinaban otros decisivos, Fidel afirmó: La cultura es lo primero que hay que salvar. No era en modo alguno una frase circunstancial, surgida al calor de los informes y debates del Congreso, o una consigna del momento, sino una reflexión avalada por la experiencia y en armonía con nuestros fundamentos ideológicos.

En todos los movimientos revolucionarios del siglo XIX se luchaba por conseguir la independencia mas también por alcanzar la libertad plena. Cuando el genio de José Martí advirtió, en vísperas de la contienda de 1895, que no habría igualdad social posible sin igualdad de cultura, una vez más se proyectaba hacia el porvenir. Pero Martí, Maceo y otros grandes patriotas perecieron en la guerra lo que privó al país de una dirección a la altura de las circunstancias, y la rapaz intervención norteamericana frustró el empeño emancipatorio. Por eso la generación de La Protesta de los Trece tuvo que salir a la palestra con la divisa de, como dijo su líder Rubén Martínez Villena, liquidar junto con la tiranía doméstica la costra tenaz del coloniaje.

Foto: AHMED VELÁZQUEZLeer es crecer: un noble empeño de la política cultural de la Revolución.

Una nueva época comenzó cuando en la madrugada del dos de enero de 1959, desde Santiago de Cuba, Fidel dejó bien claro que no volveríamos a sufrir las frustraciones del 95, entonces vinieron los yankis, humillaron a nuestros legendarios generales y detuvieron el proceso emancipador. Ahora sí era una revolución y a partir de entonces toda la nación se movilizó para defender sus conquistas y para establecer las bases de una educación integral a fin de que las nuevas generaciones puedan adquirir los conocimientos indispensables para impulsar su desarrollo y participar de una manera consciente.

Ya en la primera década de transformaciones sociales verdaderamente profundas teníamos la convicción de que la revolución es el hecho cultural por excelencia. Y, desde luego, el acto supremo de la política, como nos enseñó Engels, quien también acertó al señalar que sin su poderío, al día siguiente de sus heroicas movilizaciones los obreros serían traicionados, y así lo ha confirmado la historia.

Foto: ALBERTO BORREGOContamos con un pueblo cada vez más sensible a la recepción masiva del arte.

Cuando hace diez años se desplomó la URSS y con ella los estados que en Europa oriental se llamaban socialistas, los analistas occidentales, sobre todo los agoreros del fin de la historia, pensaron que pronto el proceso cubano llegaría a su fin. No tuvieron en cuenta la cultura política de nuestro pueblo, protagonista de una larga lucha que ha sido su mejor escuela. En esa gesta el enfrentamiento secular con el imperialismo, ese vecino tan cercano y poderoso como injusto, lejos de debilitarnos nos ha hecho más unidos y fuertes. Porque a partir de 1959 el pueblo disponía de las armas, aprendió a usarlas y sabía con qué fin.

Las condiciones de la lucha nos ha hecho levantar trincheras invictas, y no hemos vacilado en pelear en otras tierras por la libertad, pero no por eso hemos olvidado que trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra, ya que nada significan las unas sin las otras y sobran los dolorosos ejemplos del siglo recién extinguido que así lo confirman. Por eso en una reciente intervención, con motivo del aniversario 45 del desembarco de los expedicionarios del Granma, Fidel afirmó: El mundo será conquistado por las ideas y no por la fuerza, cuyo poder para sojuzgar y dominar a la humanidad será cada vez menor.

El último año del siglo XX vio levantarse a toda una nación en defensa del secuestrado niño Elián. Con firmeza, con serenidad y con toda la razón del mundo, en soberanas manifestaciones y hermosos actos culturales el pueblo unido, con la certera dirección de Fidel, conmovió a toda la humanidad y contó con el apoyo del pueblo de Norteamérica, en cuyo territorio la desalmada mafia miamense pretendió consumar un acto infame. Y así obtuvimos un triunfo realmente histórico.

Si grandes fueron las tensiones de ese año, no menos dramático ha sido el primero del milenio conmovido por el criminal atentado terrorista del 11 de septiembre en Nueva York que ha sido pretexto para una guerra también terrorista y criminal en Afganistán que aún no termina. En un planeta socavado por la injusta distribución de la riqueza, que acrecienta la miseria y provoca estallidos sociales —como el que estremeció los cimientos de la nación argentina— unido a desastres naturales de todo tipo, tal como el ciclón Michelle que nos azotó con inusitada furia, podría frustrarse cualquier proyecto sociocultural.

Sin embargo, en nuestro país nada se ha detenido y en lo esencial el programa cultural sigue en ascenso. Si el rescate de Elián movilizó a la nación entera este año hemos participado en otro extraordinario capítulo de la batalla de ideas y en defensa de nuestros cinco compatriotas injustamente encarcelados en Miami, víctimas de uno de los procesos judiciales más escandalosos de nuestra época. Ellos en su digna postura, son altos exponentes de nuestra moral y de nuestra cultura. Cualquiera que haya tenido acceso a sus testimonios orales y escritos sabe que únicamente los representantes de un pueblo donde el saber es patrimonio común puede actuar y expresarse así.

En el terreno de la cultura artística y literaria —que cada día llega a los más apartados territorios con los admirables cursos de Universidad para Todos— numerosos son los ejemplos que podríamos citar. Mas, para ilustrar el avance de la nación contra todos los obstáculos en el propósito sostenido de preservar la herencia cultural, crear nuevos valores y lograr una amplia difusión del arte contemporáneo, mencionaré únicamente tres: la restauración y ampliación del Museo Nacional de Bellas Artes que con sus nuevas instalaciones quedó abierto al público en el verano y que puede calificarse de obra colosal. La celebración del 23 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; más de seiscientos mil participantes de la capital y otras siete provincias ratificó que su gran protagonista es el pueblo. La celebración de la Décima Feria Internacional del Libro, así como los trabajos preparatorios de la oncena que a partir del próximo febrero comenzará en esta capital y llegará por primera vez a diecisiete ciudades del país con cinco millones de ejemplares que no bastarán para saciar la avidez de lectores formados en su inmensa mayoría, en estos 42 años de Revolución.

No transitamos por senderos idílicos, ni todos son aciertos. Y cada terreno conquistado nos obliga a nuevos aprendizajes. Pero es con satisfacción que afirmamos, al terminar este año —justamente una década después del derrumbe de un socialismo que solo tenía de real su etiqueta— que hemos sabido resistir y prevalecer. Los avances son incuestionables, de modo que no es la doctrina del socialismo lo que está en crisis sino los que no entendieron su esencia humanista, ni supieron defenderla, los que nunca han comprendido que la cultura no es un misterio descifrado únicamente por un grupo de notables sino la acción creadora de las mayorías en busca de la plenitud.

01/01/2002

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