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Con la manga bien larga Sin toques de varita mágica, los trabajadores de una de las peores zonas azucareras de la provincia de Ciego de Ávila y del país elevaron los rendimientos cañeros ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ CIEGO DE ÁVILA.— La zona de Manga Larga, al noreste de la provincia de Ciego de Ávila, era el demonio de los rendimientos cañeros del complejo agroindustrial Bolivia y de la provincia. Los campos de 9 000 arrobas por caballerías reforzaban esa máxima.
La UBPC La Cinco, por ejemplo, era una de las abanderadas de la ineficiencia entre las cinco unidades de ese tipo desperdigadas por el vasto territorio, aunque a decir verdad, las restantes transitaban por el mismo camino. Algunos culpaban a los llamados suelos bajos, pantanosos, negros y plásticos, sin tener en cuenta que una buena cuota de irresponsabilidad la tenían los hombres. Allí, en una franja entre la tierra firme y la costa, se hizo todo lo que no se debía en los campos de caña. El deterioro de las áreas corrió con botas de siete leguas, en primer término, por la falta de motivación de los hombres, la carencia de fuerza de trabajo y, por qué no decirlo, por la mala calidad de las siembras, las deficientes atenciones culturales, el enyerbamiento y la ineficiencia del riego, motivado en lo fundamental por los acuciantes problemas con el drenaje de las tierras. Hace apenas unos años, las cañas permanecían varios meses con el agua "al cuello", estoicas, pero flacas, paliduchas y sin azúcar. En la campaña 97-98, la última antes de quedar paralizado el central, de los 17 millones de arrobas que molió el Bolivia, Manga Larga aportó solo 3,9. ANTÍDOTO PARA LA RESACA Sin embargo, en esta zafra, esa zona entregará al CAI Primero de Enero —el designado para moler la caña del Bolivia— más de 15 millones de arrobas, con un crecimiento de unos 19 millones por caballería, desde 1998 a la fecha, uno de los volúmenes más altos en la última década, signo inequívoco del trabajo de los hombres en esas tierras, hasta ahora casi baldías. Gilberto Vázquez García, subdirector agrícola del CAI, asegura que cuanto se hace es solo el punto de partida, "pero vale la pena darlo a conocer, no por complacencia, si no por una realidad que trasciende los campos: Manga Larga, siempre fue el patico feo en los rendimientos cañeros. También porque es justo que se reconozca el esfuerzo realizado por cientos de trabajadores, con el único objetivo de buscar más caña, porque la paralización del ingenio dolió mucho". Si bien un poco lento, el trabajo se fue consolidando y en los últimos cuatro años fueron rescatadas más de 80 caballerías que estaban en el balance y permanecían vacías, otras 115 recibieron las bondades del drenaje parcelario ingeniero (de ellas más de 30 se beneficiaron con la nivelación guiada por láser), a otras 210 se les aplicó el drenaje parcelario semingeniero y quedaron alistados más de 130 kilómetros de viales y unos 200 de canales. Todo ello permitió la creación de una infraestructura en bien de las plantaciones, que posibilitó la eliminación del rebombeo de agua a 39 caballerías, un mejor tratamiento a las cepas, la reducción del enyerbamiento, el aumento de la eficiencia del riego y la introducción de nuevas variedades de caña de maduración temprana. La misma UBPC La Cinco, entre las peores del país, elevó los rendimientos a más de 34 000 arrobas —hace unos cuatro años era de 9 000—, al igual que la Manolín y El Yarual. En esta última los estimados "hablan" de más de 45 000 para la zafra que comenzó recientemente. Lino Borges López, subdirector de producción, todavía siente un zumbido en la cabeza al recordar aquel día de octubre de 1995, cuando en el primer encuentro de las UBPC debió explicarle a Fidel las causas de los bajos rendimientos de Manga Larga. "Sentí tremenda vergüenza —afirma— porque una de las principales dificultades radicaba en los hombres, en la incorrecta organización de la fuerza laboral. Él se interesó por el manejo de los recursos y hasta por los sistemas de riego empleados en esta zona baja. "Yo le respondí que tuviera confianza, que Manga Larga iba a cambiar con rapidez el rostro feo que tenía. Hoy me siento mejor, aunque no satisfecho. Yo llevo aquí 38 años y jamás las cañas estuvieron mejor que ahora, incluso, la mayoría de las áreas disponen de riego por gravedad, sin gastar un solo litro de combustible. La UBPC Manolín, otra de las unidades críticas, se sacudió del inmovilismo, con campos que sobrepasan las 34 000 arrobas por caballería y cuyo ascenso debe mantenerse. Si en algo benefició la
paralización del Bolivia es que en estos años de inactividad fabril
nadie descansó y pusieron cuerpo y alma —también la voluntad— en la
agricultura. Pese a todo, los trabajadores del CAI, que es como decir los
habitantes del poblado, no han podido rebasar la resaca de cuatro años
sin oler la miel, ver las torres humeantes y oír los pitazos de las
locomotoras. Que vuelva a moler cuanto antes es el mayor anhelo para que
regrese la vida al poblado, un lugar donde más del 90 por ciento vive de
su ingenio. |
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