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Desde Venezuela Compay Miguel, el abuelo de Denis Manuel OSCAR SÁNCHEZ Tanto dinamismo, jovialidad en los diálogos con una jerga en la cual el refranero popular conducía la conversación, o simplemente el rigor al dirigirse a aquel joven boxeador, lo descubrían con facilidad... es un cubano ciento por ciento, y oriental de pura cepa, no importa si holguinero, santiaguero o guantanamero. Lo realmente difícil era predecir que Miguel Guerra Núñez, "de Granma y a mucha honra", fuera el abuelo de Dennis Manuel.
"Yo tengo locura con mi nieto, y unas ganas de verlo que nadie se puede imaginar", espeta para después decirme que sin considerarse un superabuelo, se siente joven, porque con 45 años todavía hay mucho que caminar por la vida... y no me digas incansable, "o sí, porque lo que sí soy es un incansable revolucionario, aquí y donde quiera". En Bayamo supo algo de que vendría o al menos que se había pensado en él para que en Venezuela ayudara desde el punto de vista metodológico al desarrollo del boxeo en edades tempranas. "Pero lo mío es el trabajo, yo estaba, y estoy metido, de lleno en impulsar el pugilismo en Granma, incluso en el momento en que me dijeron de venir para acá me dieron un Premio Relevante en el Forum de Ciencia y Técnica de mi provincia, con un trabajo que consideramos vital en las condiciones en que desarrollamos el deporte en Cuba." Escuela de Boxeo Figurada no es un acertijo por mucho que cualquiera se rompa la cabeza en pensar de qué se trata. Así tituló su experiencia galardonada. "Compay, a veces en los gimnasios, por la situación que tenemos en nuestro país, no contamos con los medios necesarios. En ocasiones no hay guantes, o no alcanzan para todos, en otras el ring se descompuso o la lona se echó a perder, o que las guanteletas para golpear están deterioradas... entonces a uno no le puede pasar aquello de que camarón que se duerme... porque en el boxeo pudiera ser algo así como boxeador que se duerme nunca tira un golpe. Esa fue la razón del trabajo, que consiste en estructurar contenidos individuales con los boxeadores, a partir de crear situaciones especiales de combate a las que él tiene que responder, ya sea en un césped o en una sala. Yo le digo recto de derecha y él esquiva y contragolpea al sector que deja descubierto el imaginario contrario. Esto se hace con rapidez, de manera que obtengas en el muchacho una alta velocidad de respuesta ante el rival. Cuando se interioriza esto y usted lo sube al ring con sus guantes y todo, el gallo canta y alto, alto." Miguel afirma que también en condiciones favorables, como las que encontró aquí en el orden material, el método es muy efectivo. "Es que desarrolla extraordinariamente el razonamiento táctico en la pelea. Y en el caso de los jóvenes con quienes estamos laborando en Venezuela es como un examen de voluntad, porque ellos, acostumbrados a todos los requerimientos de un gimnasio, pues no creen necesario este tipo de preparación". No se aleja de su casa por primera vez, aunque siendo abuelo nunca lo había hecho. En su calidad de deportista ya representó a Cuba, y recuerda con mucho agrado el Campeonato Centroamericano y del Caribe de 1976, en Jamaica, de donde regreso con el fajín dorado de los 60 kilogramos. Sin embargo... "los dos primeros meses no fueron fáciles, el gorrión me tenía volando todos los días hacía Bayamo. Compay es que ese Denis Manuel con sus cinco añitos es ya un bichito, pero también extraño mucho a mi esposa, y a mis dos hijos, que ya son hombres y mujeres". La felicidad no entiende de distancia. En cuanto pudo hablar con Juana, le preguntó por los muchachos, y entonces el gorrión, cual cartero de la amada, le trajo una gran noticia. A través del hilo telefónico escuchó: "El niño —se refería a Maisel, de ¡20 años!—, ya cumplió su Servicio Militar y salió con la Orden 18. Me dijo que ahora se hará Licenciado en Cultura Física". "Compay, el corazón se me quería salir del pecho", cuenta Miguel. Y dice que como hombre al fin, cada vez que su esposa le escribe sobre Odelsis, la mamá de Denis Manuel, la recuerda todavía bebé en sus brazos. "Pero ya la mulata tiene 22 años, mas para mí siempre será mi niña". Tiene que salir a preparar a su boxeador, pero antes pidió que, "si no le molesta, la foto quisiera hacérmela no en el ring, sino al lado de un hermano, que en los Juegos Nacionales Juveniles, donde logré dos de plata, es adversario, pero cubano porque él prepara a los boxeadores del estado de Lara, a pocos kilómetros de donde yo trabajo, en el estado de Yaracuy". Y ya camino a la sala de
calentamiento, dijo, "aquí todo el mundo gana, porque cuando
cualquier joven venezolano sube al ring y lo hace bien, no importa si gana
o no, ya ganamos todos, Venezuela y Cuba, las dos". |
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