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El jazz cubano invade a California Pedro de la Hoz El inicio ayer de la temporada del Afrocuban Jazz Masters en el club Yoshi's, de Oakland, California, fue acogida en la región de San Francisco como uno de los más venturosos acontecimientos musicales de la etapa navideña. Ningún conocedor del jazz y, sobre todo, de los sustanciales aportes de Cuba a este complejo musical, ha querido perderse la presencia de una batería de intérpretes de primera línea que viajaron especialmente desde la Isla para estas presentaciones. Ello explica que lo que comenzó siendo una propuesta para un concierto único haya derivado en una temporada de seis espectáculos en un espacio que se tiene allí como una de las catedrales del jazz y la música latina, comparable al parisino New Morning o al londinense Ronnie's. Y que la cadena de servicio público NPR haya seleccionado la audición del 31 de diciembre para transmitirla en vivo de costa a costa como regalo de fin de año para sus radioescuchas. La redacción cultural de Granma tuvo acceso a las primeras reacciones de un público que enloqueció con las ejecuciones de los músicos cubanos: por una parte, el concierto inicial tuvo que extenderse media hora más de lo previsto; por otra, la crítica hizo énfasis en la continuidad generacional del movimiento jazzístico cubano, con un subrayado aparte para el altísimo nivel académico de los más jóvenes intérpretes, lo cual no es óbice para que la frescura se imponga en la progresión del jazz latino más ortodoxo a los aires timberos en boga, pasando por los aires siempre agradecidos del mambo, el danzón y el cha cha chá. El artífice de tanta conjunción de talento es Orlando Valle (Maraca), quien ha logrado arraigo en los aficionados de la costa del Pacífico debido a sus anteriores presentaciones allí con su banda Otra visión y mediante un disco del sello Ahí `namá que triunfa en las discotecas, Descarga total. El virtuosismo de Maraca en la flauta preludia el plato fuerte de cada concierto: la excepcional percusión cubana encumbrada con los nombres de Tata Güines en las tumbadoras, Changuito Quintana en las pailas, y Enrique Lazaga en el güiro. Si a ello se añade la contribución del norteamericano de origen boricua Giovanni Hidalgo, figura clave en el desarrollo contemporáneo del jazz latino, se comprenderá cuánta temperatura reina en el Yoshi's. Los norteamericanos admiran en Tata al conguero completo, que entra y sale de la marcha con un acento único; en Changuito al maestro del buen gusto en los repiques; y en Lazaga la sabiduría de quien a la vera del grande Frank Emilio engrandeció el aporte rítmico de un sencillo instrumento de frotación imprescindible para el sabor cubano. Otro puertorriqueño se sumó a la banda, el trombonista Jimmy Bosch, también muy cotizado en los ambientes jazzísticos. Y no por último menos importante está siendo la inclusión de Nelson Oney, un saxofonista de Villa Clara, que integró la Orquesta de Música Moderna de esa provincia en sus momentos de oro, cuando entre Armando Roméu y Chu Rodríguez la situaron hacia los 80 como la mejor big band de la Isla en su momento. Wilfredo Campa, Roberto
Pérez, Irving Ferreyro y Víctor Miranda representan a la nueva
generación de jazzistas cubanos en el elenco, junto a la revelación del
tres, Cotó. |
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