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Viet Nam y la cultura del arroz ARNALDO MUSA Viet Nam tiene un pueblo que atesora hospitalidad y cultura, cualidades que se reflejan en su tradicional laboriosidad. La búsqueda de buenos campos fue el motivo de las lentas migraciones que desde el norte de Viet Nam llegaron hasta los deltas del sur, con lo que se desarrolló una arraigada "cultura del arroz".
A comienzos de junio, cuando los monzones encharcan los campos, se inicia el proceso de preparación de tierras al paso de las yuntas de búfalos, para después, una vez arada la tierra, proceder al trasplante tallo a tallo previamente germinado en semilleros. Aunque en grandes sembrados se ha introducido la mecanización, la recolección de la cosecha es laboriosa, pues aun hay que emplear mayormente el tiro animal. Más de la mitad de la población vietnamita vive de una u otra forma del cultivo de las variedades de arroz. No solo es el alimento sustentador que preside o sirve de guarnición a los cientos de recetas de la sabrosa gastronomía local, sino que de él se obtienen harina, papel, tallarines, aceite, cerveza, medicinas, productos de cosmética y tantos otros derivados. DE IMPORTADOR A EXPORTADOR Viet Nam es actualmente el segundo exportador mundial de arroz, difícil de creer cuando hace 15 años la población septentrional sufrió grandes calamidades por su escasez.
Hay que tener en cuenta que desde 1995 fue cuando el país se convirtió en un exportador de arroz de primera línea, con las primeras 2 150 000 toneladas. Para lograr esto, el sistema de cosechas cambió, tomando como variante el incrementar la extensión de tierras arroceras para la cosecha invierno-primavera y la de verano-otoño, de rendimientos altos y estables. Los nuevos tipos de variedades más productivas lograron ser utilizadas en más del 87% del área sembrada. El salto no es solo cuantitativo, sino cualitativo, porque el arroz de Viet Nam es preferido en el mercado de numerosos países, amén de constituir un ingreso notable de divisas en el presupuesto estatal. El cultivo del arroz ha logrado fortalecer su infraestructura, con un sistema hidráulico renovado. El campesino ha prosperado y tiene una mejor vida material e intelectual. En este contexto, el mayor peso de la producción arrocera vietnamita sigue siendo la de los núcleos familiares, y luego las cooperativas y las granjas estatales. Los núcleos familiares venden su arroz a las cooperativas, las que lo hacen a su vez a empresas estatales exportadoras o lo sitúan en el mercado interno. Los esfuerzos actuales se encaminan a determinar el tiempo apropiado para preparar las posturas de arroz, principalmente en el norte del país, así como a experimentar la siembra de nuevas variedades de corto ciclo de crecimiento, alta productividad y calidad superior. En esta renovación y avance, los especialistas coinciden en afirmar que los campesinos de las provincias de Ha Tay, Nam Dinh y Ha Duong trabajan mucho mejor que los del resto de Asia, y dan ejemplo de laboriosidad, dedicación y sensibilidad ante los adelantos de la ciencia y la técnica en el cultivo. Todo esto conlleva a mejores condiciones de equipamiento y tecnología moderna, amén de humanizar la agotadora labor. Pero hay que conocer que para los vietnamitas ello es más una forma de vida que una dependencia física y espiritual. Por eso, cuando un campesino se muere, es enterrado en mitad del arrozal; así, su espíritu impregnará el nuevo grano de arroz que será alimento de las generaciones que seguirán construyendo un país próspero, civilizado y socialista. |
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