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18/12/2001
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Los mártires de Maze

MARIO MUÑOZ LOZANO

Volver a la Irlanda del Norte de marzo de 1981 nuevamente provoca escalofríos. A pesar de los 20 años transcurridos, para muchos persiste en el recuerdo el martirologio de más de seis meses protagonizado por aquellos 10 jóvenes que solo exigían el reconocimiento de su lucha contra el dominio británico, que fueran considerados presos políticos y no delincuentes comunes.

Robert Sands fue el primero en comenzar aquella histórica huelga de hambre en el bloque H del Penal Maze, cerca de Belfast, el primer día de marzo de 1981. También fue el primero en caer, en la madrugada del 5 de mayo, luego de 66 días sin ingerir alimentos.

Le siguió Francis Hughes el 15 de marzo, quien falleció el 12 de mayo. El 22 de marzo se unen al sacrificio Raymond Mc Creesh y Patsy O'Hara, ambos mueren el 20 y el 21 de mayo, respectivamente. 

Así fueron cayendo también Joe Mc Donnell, el 8 de julio; Martin Hurson, cinco días después; Kevin Lynch, el primero de agosto; Kieran Doherty, el dos de agosto; Thomas Mc Elwee, el ocho de ese mes; y Mickey Devine el 20 de agosto. Ninguno sobrepasaba los 30 años.

Sin embargo, sus muertes no atemorizaron al movimiento de resistencia en Irlanda del Norte. 

La situación de ese territorio entonces no podía ser peor. Chitta Biswas, secretario del Consejo Mundial de la Paz, luego de una visita a Irlanda del Norte, comentaba a la prensa el clima de terror implantado en el Ulster por los soldados británicos. 

"Belfast parece una ciudad sitiada", donde abundan los puntos de control en los cruces de calles, donde todo el mundo es objeto de registros y cacheos y donde es usual el patrullaje de las calles por militares británicos con rifles en posición de tiro.

Más de 50 personas habían testificado sobre las torturas a ciudadanos, sobre todo a los reos políticos, a quienes les perforaban los oídos, los pateaban, golpeaban, quemaban y torcían los genitales para arrancarles confesiones o para castigar la rebeldía patriótica de quienes no se dejaban someter por la bota extranjera.

Por su indoblegable actitud durante aquellos seis meses de sufrimientos, estos jóvenes fueron castigados con visitas cerradas en las que no podían mantener contacto físico con sus familiares, con el único objetivo de quebrantar su voluntad .

A causa de sus reiteradas protestas se les permitió usar su propia ropa y no la de reclusos. Gerry Adams, entonces vicepresidente del Sinn Fein, comentaba por aquellos días que las demandas fueron arrancadas por el valor y el sacrificio demostrados por los presos y sus familiares.

Fueron días de agonía para todo el mundo. Mientras las vidas de los jóvenes se consumían en el penal, al gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher, llegaban cartas de todas partes pidiéndole que cumpliera las demandas de los muchachos. El Ulster lloraba a sus hijos mientras la Thatcher hacía gala de su apodo de Dama de Hierro. 

Una amplia campaña de solidaridad se extendió por todo el planeta. 

Días después de los tristes acontecimientos, el 15 de septiembre, durante la inauguración de la 68 Conferencia Interparlamentaria, en el Palacio de las Convenciones de La Habana, Fidel manifestaba: 

"Considero que los patriotas irlandeses están escribiendo en estos días una de las páginas más heroicas de la historia humana. Se han ganado el respeto y la admiración del mundo, merecen también su apoyo. Son ya diez los que han muerto en el más emocionante gesto de sacrificio, desinterés personal y valentía que pueda imaginarse.

"Debiera sentirse avergonzada la humanidad de que ante sus propios ojos se cometa semejante crimen. Para cesar en su huelga, estos jóvenes luchadores no piden la independencia, no exigen demandas inasequibles; reclaman únicamente algo tan sencillo como el reconocimiento de lo que son: presos políticos. No son marxistas-leninistas ni son comunistas los hombres para los que reclamamos solidaridad en esta Conferencia, son católicos militantes. ¿Cómo es posible que en pleno corazón de occidente se pueda tolerar este frío y dramático holocausto?

"No podemos acostumbrarnos al crimen, ni en Irlanda, ni en El Salvador, ni en Angola, ni en Namibia, ni en Sudáfrica, ni en el Líbano, ni en ninguna parte.

"La tozudez, la intransigencia, la crueldad, la insensibilidad ante la comunidad internacional del gobierno británico frente al problema de los patriotas irlandeses en huelga de hambre hasta la muerte, recuerdan a Torquemada y la barbarie de la Inquisición en plena Edad Media.
"¡Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas, tras 60 días de huelga de hambre!"

18/12/2001

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