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Acotaciones Los grandes temas suben al retablo AMADO DEL PINO Sahímel Cordero podría servir de ejemplo para ilustrar el afán de rigor y el rechazo al paternalismo que ha reinado en una amplia zona del teatro para niños en los últimos lustros. El joven teatrista se formó básicamente con Armando Morales, un nombre imprescindible si se habla de títeres en Cuba, y sus espectáculos —bajo el nombre de Trujamán— han alcanzado favorable repercusión en varias plazas del mundo. Ahora Morales dirige a Sahímel en Osobucu Soberbio a la parrilla, un texto del importante titiritero y dramaturgo argentino Roberto Espina. Aquí el fundador del célebre teatro-escuela Fray Mocho teje una historia de amor en lucha contra la intolerancia y la soberbia. Espina no le teme a reflexionar sobre la muerte y la violencia, aunque la obra está dirigida a los niños. Creer en su sensibilidad y su inteligencia es la apuesta de proyectos como este. La puesta en escena (Teatro Nacional de Guiñol) se destaca por la belleza de los muñecos y por la coherente relación entre los objetos escenográficos que habitan el retablo y el argumento de la obra. Cordero saca partido al fluido sistema de diálogos de Espina y manipula con notable ritmo y precisión. En el personaje del militar intransigente que se opone al amor hubiese preferido más matices en la emisión de la voz. Cuando el actor se dirige al público sin los muñecos también da pruebas de sobriedad y buen gusto. Pudo aportar más a la trascendencia del espectáculo el diseño de luces de René Couret y Miguel Estévez. Además, por momentos, la iluminación no sigue con exactitud al actor en sus dinámicos desplazamientos. Válido resulta este crecimiento temático para unos niños que viven en un mundo tan informado y complejo. La reacción de los
espectadores— al menos en la función de domingo que pude disfrutar— es cómplice y sensible. Los niños agradecen que la poesía y la magia de la escena los ponga en contacto con los grandes temas. |
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