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Codo a codo con el buey Mientras la escasez de combustible puede trastornar a algunos, "la vida sigue igual" para los que jamás renuncian a la tracción animal Texto y fotos: Pastor Batista Valdés MANATÍ, Las Tunas.— Con mucha razón lo dijo José Ramón Machado Ventura en el último Pleno del Comité Provincial del Partido celebrado aquí: apenas el país tuvo un "respiro" y mejoró un poquito la situación del combustible algunos empezaron a olvidarse del buey.
No fue ese, sin embargo, el caso de la columna mambisa Joaquín Agüero y Agüero, asentada en el norteño municipio de Manatí, donde la doma, preparación, uso y atención a ese laborioso animal no ha dejado de formar parte del cotidiano ajetreo entre quienes se afanan por incrementar los niveles de producción de viandas.
Habernos cruzado en pleno terraplén con un hombre llamado Ramón Echavarría, a bordo de una carreta tirada por bueyes y llena "a punta de estacas" de racimos de plátano, podía ser obra de la pura coincidencia... Pero el paso de otra en iguales condiciones, y otra, y otra más, corroborarían lo que con el humilde verbo del campesino afirma Armando Rodríguez Sariol, el jefe de la columna: "Si otros se han olvidado de los bueyes, yo no sé realmente cómo se las arreglarán, porque aquí son la vida de todo lo que hacemos... Ahora tenemos 13 yuntas y con ellas roturamos la tierra, cultivamos el plátano, buscamos la leña que necesitamos para el comedor, tiramos los productos que cosechamos... "Y queremos aumentar la cantidad porque todavía no son suficientes; tenemos otras dos yuntas en doma y esperamos llegar a 20. Para eso contamos con Ramón Reynaldo, con Luis Rodríguez y con otros compañeros que saben cómo domar bien a esos animales." AGRICULTORES Y RETAGUARDIA Haberse convertido poco a poco en una especie de "retaguardia de sí mismos" ha sido el único modo de continuar siendo buenos agricultores.
Porque poco o nada habría logrado el colectivo preparando decenas de yuntas de bueyes, pero careciendo o teniendo que comprar (con costos que incrementan gastos) los implementos y aseguramientos necesarios para la actividad. Por eso el veterano Tito Utra se ha vuelto un verdadero maestro, junto a Ismari Medero, en la fabricación de unos seis o siete tipos diferentes de yugos para el trabajo de uno o los dos bueyes, y con dimensiones también según el cultivo o la labor que se va a realizar: tracción de carretones, roturación de tierra, cultivo mecanizado, atenciones a la papa, tomate, yuca... "Pero además de yugos —asegura Armando— aquí fabricamos bozales, frontiles, cadenas y garabatos; con materiales en desuso hacemos machetes, cuchillos y azadones rústicos para hortalizas, montamos una maquinita criolla para torcer soga, y para que nadie se justifique con la falta de limas para amolar también instalamos una piedra de esmeril que habían desechado ya en otro lugar." Todo ello, el aprovechamiento de la tierra y las alrededor de 30 soluciones científico-técnicas que han germinado a pie de surco explican en gran medida por qué mientras otros se lamentan de lo financieramente difícil, "ingrata" o desventajosa que a veces se torna la agricultura, esta columna mambisa muestra incrementos en el orden productivo, descenso en sus costos, así como ganancias económicas. PASAJE A LO CONOCIDO "¡Ven acá Picazón... Arriba Jardineroooo!" Aunque enérgica, la voz de Carlos Echavarría denota ese inmenso cariño que desde niño —y a lo largo de sus 32 años— no ha dejado de sentir por las reses y los bueyes, en cuyas patas, según afirma, ha vivido siempre. Agradecidos de aquella voz (y no del indolente aguijonazo con que algunos "animan" a sus animales) la yunta apresura un poco el paso, mientras en el carretón se zarandea la estiba de racimos de plátanos. A pocos metros del camino yace —intacto, listo para entrar en acción cuando haga falta— un tractor. La columna también tiene un equipo pesado del tipo DT para el laboreo de la tierra. Desde el pértigo de su carreta Carlos suele mirarlos al pasar. Nada tiene en contra de esos medios técnicos. Solo que cuando la situación del combustible se aprieta hay que pararlos. Y su Jardinero y Picazón nunca dicen que no. Basta un poco de yerba, agua, descanso y buen trato para que rindan y aporten lo que muchas manos juntas no pueden igualar. |
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