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La "dama" del volante "Los accidentes del tránsito ocurren, casi siempre, por errores del ser humano", sentencia una voz de mujer Ortelio González Martínez CIEGO DE ÁVILA.—En su vida profesional, Hilda Wals Andrés guarda dos gratos privilegios: ser la única taxista en la provincia de Ciego de Ávila y jamás haber tenido un accidente del tránsito.
Hilda es una mujer de extrema dulzura y sus 57 años todavía delatan los signos de una belleza que la edad y los más de cinco lustros detrás del timón se niegan a esconder. "Yo aprendí a manejar a los 12 y comencé en los taxis a los 29, cuando era una muchacha `responsable' de verdad. He conducido los Toyota, los Dodge, los Lada. Solo me faltaron los Alfa Romeo. Si algo puedo decirte es que jamás he recibido ni faltas de respeto, ni ofensas, a pesar de trabajar noches enteras. Ahora mismo, son casi las 12:00 y estoy de guardia hasta por la mañana. Para donde me digan vamos, voy sin miedo." Sentada en uno de los bancos al pie de la piquera del hospital Antonio Luaces Iraola, me explica que el servicio de taxis está muy deteriorado y solo quedan poco más de 10 autos en la base del municipio de Ciego de Ávila, pero, así y todo, tratamos de brindar un buen servicio. Quizás no muchos conozcan que el sistema de trabajo es por arrendamiento, en el que el chofer debe entregar diariamente 80 pesos a la empresa y pagar todos los gastos del equipo en caso de rotura o cualquier reparación. En pocas palabras sustenta su preferencia por el oficio: "Yo no quise dejar esto en los peores momentos. Cuando arreció el período especial, laboré hasta en los puntos de embarque (los amarillos), pero mi pensamiento siempre ha estado al lado de los taxis. Algunas personas se me acercan y me dicen: `Hilda, ya tú estás vieja para el timón.' ¡Eh, yo vieja!" LAS PERIPECIAS DEL OFICIO Ella reconoce que es difícil manejar en los momentos actuales, y más una mujer: "Existe mucha indisciplina vial, comenzando por los peatones, los carretones, los choferes de vehículos grandes, los ciclistas". Y no le falta razón. Las cifras de accidentes en Ciego de Ávila, hasta octubre del presente año, no ofrecen márgenes para la duda: 325 percances (en 66 de ellos estuvo la ingestión de bebidas alcohólicas), con 42 muertos y daños materiales que superan los 265 000 pesos. A ello se suman 449 lesionados. "Una vez, yo pude ser una de esas víctimas, pero no por culpa mía. Se explotó una goma. Cogí cuneta abajo y por suerte no me volqué, ni siquiera le di un arañazo al taxi. Puse el repuesto y continué." Asegura que aunque tienen muchos detractores, las mujeres manejan con más cuidado que los hombres, cumplen con rigor las leyes del tránsito y se accidentan menos. "Pero el número de hombres detrás de un volante es muy superior al de las féminas", le inquiero. "También ellos ingieren más bebidas alcohólicas", me riposta en tono desafiante. ¿Y usted sabe de mecánica, porque muchos afirman que las mujeres solo sirven para ir detrás del timón? "Eso es machismo ridículo. Una noche, más o menos a esta misma hora, venía de Limones Cantero, un pueblecito bien lejos, pegado a Sancti Spíritus, por el sur de la provincia, y el motor se paró. Estuve como tres horas botada en medio de la oscuridad, en aquel lugar con marabú a ambos lados del camino, hasta que un camión me llevó de regreso al poblado y era que la bomba de la gasolina no halaba. En otro momento me sucedió lo mismo, pero yo había aprendido la lección y traía en el maletero la vasija y la manguera que desde entonces me acompañan. Amarré el porrón en lo alto para que el combustible cayera por gravedad y seguí." Nadie osaría poner en duda que Hilda nació para el oficio que desempeña. Es tan osada que lo mismo ha conducido en Ciudad de La Habana, en la altura espirituana de Topes de Collantes, que en la Gran Piedra, Santiago de Cuba, tres de las pruebas más exigentes para cualquier chofer que conduzca por carreteras cubanas. Lástima que entre las restantes 29 mujeres que se iniciaron junto a ella, Hilda sea la única que hoy florece en el mismo sitio donde hace exactamente 27 años echó sus primeras raíces. |
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