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23/11/2001
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Con ropa de serrano llegué hasta Fidel

PEDRO A. GARCÍA

Conocía a Fidel desde antes del Moncada. "Estaba entonces en la Universidad y al irme para mi pueblo —nací en Florida, Camagüey—, perdí el contacto con él. Cuando salieron Haydée y Melba de la cárcel, comenzamos a hacer una campaña por la libertad de los presos políticos y ahí ya empezamos a trabajar de nuevo juntos".

Foto: ALDO MEDEROSDespués del triunfo revolucionario, Calixto Morales desempeñó responsabilidades en los ministerios de Industrias y Agricultura y en el cuerpo diplomático.

Calixto Morales fue uno de los fundadores del M-26-7 en Camagüey junto con Cándido González, Reinaldo Benítez, Raúl García Peláez, y otros compañeros. "Realizamos una amplia labor de divulgación de la necesidad de la lucha armada para derrotar a Batista, frente a los politiqueros que abogaban por elecciones. Esto nos trajo complicaciones con las autoridades, persecuciones; porque defendíamos a la Revolución en la tribuna pública, nos acusaron de mil cosas".

La Dirección del Movimiento entendió que Cándido González, Reinaldo Benítez y Calixto Morales tenían que exilarse. "Fuimos para México. Eso fue como en diciembre del 55". Calixto recibió entrenamiento militar en el rancho La Rosa. "La impresión que tuve cuando vi por primera vez el Granma fue de alegría, hubo gente que lo encontraba chiquito o grande, a mí me parecía que era el vehículo para llegar a Cuba y que con él ya estábamos en camino".

EN CUBA

Tras una difícil travesía, llegaron a Las Coloradas el 2 de diciembre. "El primer día fue terrible con el mangle, el fango, el hambre que traíamos. Estábamos cansados, agotados, lentos, el paso por el mangle nos acabó de matar. Por eso demoramos tres días en llegar a Alegría de Pío".

Después de la dispersión del 5 de diciembre, se quedó solo con Calixto García y Carlos Bermúdez. "Estuvimos dos días en un cañaveral. Al tercer día nos fuimos para el monte que estaba enfrente y caminamos hasta la desembocadura del río Toro. Lo atravesamos y vimos un caserío a lo lejos, decidimos bajar por la raíz de un jagüey hasta una mesetica y ya allí, más cerca de las casas, miramos con cuidado y descubrimos que estaban llenas de marinos y soldados".

"La energía no nos daba para subir otra vez y decidimos pasar a pleno día entre las dos casas, había unos 100 metros entre ambas y una malva rala, muy bajita. Temíamos que la gente de por ahí nos hubiera visto y dado la información a los guardias. No nos quedaba más remedio que pasar".

"Llenamos las cantimploras porque hasta ese momento casi no habíamos tomado agua, llevábamos casi 8 o 9 días tomando el agua de los hoyitos de los arrecifes, pasamos el río y decidimos quedarnos en la misma desembocadura, en un firmecito que había. Los temores nuestros se confirmaron cuando próximo al atardecer, empezaron los guardias a disparar contra la meseta en la que nos encontrábamos primero. Allí estuvieron batidos con la loma aquella y estuvieron tirando tiros hasta tarde, habíamos caminado como un kilómetro y pico y sentíamos a los guardias fajándose con la loma".

LOS CAMPESINOS SIEMPRE BRINDABAN

Siguieron caminando rumbo al sureste, como les había recomendado Fidel. "Todo el tiempo de noche. Cuando venía el día, nos ocultábamos en algunos matorrales, cerca de alguna casa, la observábamos durante todo el día y al anochecer pedíamos ayuda. Siempre escogimos bohíos de pocos recursos, que no fueran de zinc, de campesinos acomodados, siempre casa de gente humilde".

Era ya como el 20 de diciembre pero no tenían noción del tiempo. "Llegamos hasta El Cilantro. Nos tropezamos con Piña y Fonseca, dos campesinos que nos invitaron a ir a sus casas. Nos dijeron que nos iban a presentar a un hombre que conocía a toda la zona y nos podía ayudar mucho". Ese hombre resultó ser Crescencio Pérez.

"Los campesinos idolatraban a Crescencio. Era una gente valiente, decidida, opuesta al régimen y que luchaba por los campesinos. No nos dio mala impresión, era un hombre mayor que nosotros, nos parecía muy viejo porque en aquel entonces un hombre de 50 años nos parecía viejo".

Los dejaron en un monte cercano. "Llegó un aviso de Fidel, quien mandaba a buscar a Crescencio. Sentí una alegría tremenda al ver el papel firmado por Alejandro, ví la letra de él y dije: Fidel está vivo. Ahí nos pusimos de lo más contentos porque hasta ese momento no sabíamos si estaba vivo o no, siempre pensamos que sí porque no nos engañaban las noticias que corrían".

Los tres expedicionarios decidieron que Calixto fuera al encuentro con Fidel. "El 23 de diciembre partí a encontrarme con él. No me conoció, creía que yo era otro de los hijos de Crescencio, iba con un sombrerito de campesino y vestido con ropa de serrano. Cuando le reclamé: c..., tú no me conoces..., se dio cuenta y reaccionó".

De allí, con el grupo de expedicionarios que había podido reagruparse en Cinco Palmas, marchó rumbo a la Sierra. "Algunos campesinos se nos sumaron, Sergio, Crescencio, Guillermo..., y firmamos una carta en reconocimiento de Mongo Pérez y su familia por toda su ayuda". En esa carta, redactada por Fidel y suscrita por todos, se comprometían a seguir "luchando hasta vencer o morir con más fe que nunca, convencidos que un pueblo como el nuestro merece todos los sacrificios".

23/11/2001

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