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Infancia Con derecho al afecto Los hijos no eligen a sus padres, pero sí precisan toda la atención, el cariño y la responsabilidad que merecen de ellos, aunque no vivan juntos SARA MÁS
Conozco de una pequeña que en toda la semana no deshizo la mochila, esperando al padre que había prometido recogerla en los días feriados. Ella aún no sabe por qué no fueron a buscarla. La desatención paterna nada tiene que ver, sin embargo, con Ernesto, ese otro muchacho que todos los días —llueva, truene o relampaguee— saca tiempo para llegarse hasta la secundaria del hijo, con el cual ya no convive, para llevarle merienda, darle un beso y hablar con la maestra. Mientras, Adela reconoce en sus hijos —concebidos en distintos matrimonios— las dos caras del dilema: en 13 años al mayor no le ha faltado nunca el cariño y atención de su papá, pero la pequeña de 7 apenas ve al suyo. Así conviven historias donde el amor y la responsabilidad filial han vencido cualquier desacuerdo de los adultos y también las de signo contrario, en las cuales se deja incluso de suministrar el subsidio económico más elemental y se falta, además, al cariño y afecto que los hijos necesitan. HISTORIAS ADENTRO El de las pensiones incumplidas es apenas uno de los rostros visibles de la desatención paterna. Más de un motivo asoma detrás de esa falta, según comprobaron en Pinar del Río la fiscal Odalys María Hernánde, y Esperanza Aguilar, funcionaria de la FMC provincial, al investigar el tema. Entre otros aspectos, ellas concluyeron que la existencia de hijos que no reciben la pensión, algunos reconocidos y otros no, está condicionada por la irresponsabilidad materna y paterna. Como causa fundamental identificaron la falta de reconocimiento paterno, ya sea por negativa de los hombres como por el interés de las madres de asumir una "producción independiente", actos que intencionalmente privan al menor de saber quién es su papá. Los no reconocidos terminan siendo el grupo más vulnerable, al faltar un vínculo y mecanismo legal que obligue a los padres. Pero sucede también que las propias madres no exigen las pensiones por creerse suficientes y considerarlo un acto que debiera ser voluntario, olvidando que recibir la pensión es un derecho que le asiste a los hijos, no a ellas. En otras ocasiones, ignoran los pasos legales para obtenerlas, conocen los mecanismos judiciales y no los utilizan o han recurrido a ellos sin resultados, advierten las investigadoras. Pero no son estas las únicas causas que explican los incumplimientos. También existen niños que conocen al papá, llevan su apellido, saben dónde vive y trabaja, y a quienes no llega sistemáticamente o al menos con regularidad esa ayuda económica. Menos probabilidades tienen entonces de conocer la afectividad, el cariño, la protección y apoyo que de él esperan. Madres que no quieren saber nada del padre, padres cuyo paradero se ignora, trámite legal y embargos de salario que se suceden sin remedio, evasiones y hasta personas obligadas que, por desempeñarse como trabajadores por cuenta propia, incumplen sus obligaciones sin posibilidad de ser requeridos. Con esos y otros motivos se completa la lista que solo trae daños mayores a los hijos. EL CAMINO DE LA COMUNICACIÓN Hoy la magnitud real del problema es imprecisa en términos de cifras, pero sigue siendo considerable el número de padres que no garantizan la manutención de sus hijos, mientras las personas que deben exigirlo a veces adoptan actitudes pasivas. Por otro lado, quienes acuden a los tribunales no logran siempre la ejecución del fallo judicial. Lo más grave es que detrás de todo, están los adultos que se distancian y no atienden a sus hijos. No faltan quienes asocian la pensión alimentaria al valor material o económico exclusivamente, para convertirla en algo que la madre puede o no aceptar según sus necesidades. Entonces termina siendo un problema invisible, "porque no hace falta" y con ese supuesto se cierran otros puentes de comunicación. "No siempre cedemos en el espacio privado y en ocasiones expropiamos al hombre del papel de padre, lo excluimos de esa responsabilidad", comenta Betsy Rodríguez, de la esfera de trabajo comunitario de la FMC, en Camagüey. Además de la búsqueda de familiares con obligaciones y la orientación jurídica para hacer valer los derechos de niñas y niños, va ganando espacio también la vía de la persuasión a los integrantes de la pareja disuelta, a veces más efectiva que el camino judicial, que puede llegar a convertirse en una gestión interminable y sin resultados. Durante el primer semestre de este año, la FMC solucionó más de 5 700 casos de pensiones incumplidas por la vía educativa, camino que emprende junto a la prevención y reflexiones promovidas en las estructuras de base y desde las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, con madres y padres. "Es muy importante la detección temprana para ganar tiempo y ventaja en la orientación antes que el problema se haga mayor", explica Ana Laura Cintrón, de la FMC en Holguín. Ese proceder ha permitido allí el encuentro y la reunificación de padres e hijos, incluso a veces por primera vez, en función no solo de un interés económico, sino también humano. "Porque no se trata solo de cumplir con una obligación y responsabilidad que se contrae con los hijos, sino de pensar también en las consecuencias futuras. Detrás de historias de niños con problemas, aparece muchas veces la figura paterna ausente", comenta Esperanza, para quien la experiencia cotidiana y los estudios de terreno han corroborado una certeza dolorosa: "La separación de los padres, en mayor o menor medida, trasciende a los hijos y la desatención de aquel que se aleja de ellos, agrava la situación". Una realidad que solo con el proceder de los adultos, madres y padres, puede cambiar. |
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