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KCHO y la espiral eterna Hoy se inaugura, a las 4:00 p.m., una monumental exposición del joven y reconocido artista, en el Museo Nacional (Palacio de Bellas Artes) PEDRO DE LA HOZ En medio de la implacable erosión de la crisis de los 90, Alexis Leyva Machado (Kcho) dibujó una espiral. Tenía en la memoria el espectacular Monumento a la III Internacional, de Vladimir Tatlin, pero también la agreste naturaleza de su tierra, indómita e insobornable, encrespada y fibrosa. El primer atisbo de aquella inquietante asociación la tuvieron los espectadores que asistieron en 1992 a la Muestra del Mes que por entonces organizaba el Museo Nacional, previo a su reconstrucción: la instalación de Kcho, Ante los ojos de la Historia, llamó la atención por su solidez conceptual y su rigor constructivo, y aún más por la ineludible alusión a los desafíos de la cotidianeidad cubana lograda mediante la coronación de la obra con un rústico colador de café.
Nueve años después, la idea de la espiral que dominaba la torre tatliniana, vinculada a la utopía, y la visión de la intrincada e inviolada maleza, volvieron a encender la imaginación del dibujante y escultor. Como catalizador del
La instalación propiamente dicha se compone de 56 torres de diversas dimensiones —la más grande de cuatro metros—, realizadas con troncos, ramas y raíces de júcaro, mangle y marabú, alambrados y alcayateados en su ascensión en espiral. Unos dibujos dan cuenta del work in progress; otros prolongan y completan el proyecto de instalación, y no faltan los que ubican al espectador como protagonista del propio espacio dibujado o le ofrecen un ángulo insospechado de la visión de conjunto. Estos últimos son aquellos en los que el artista funde espirales en movimiento con figuras humanas e imagina la contemplación de la instalación desde puntos de observación situados en un plano "aéreo", sobre una inclinación de 45 grados. Otro aspecto interesante de la exposición, comprometida desde ahora y a lo largo del 2002 con los Museos de Turín (Italia) y Grenoble (Francia) antes de seguir rumbo a Gran Bretaña, reside en que la instalación se adaptará a cada uno de los espacios, con más o menos torres y dimensiones variables, y también en que el escultor realizará in situ una nueva pieza a manera de testimonio de la continuidad del proceso de creación. Justamente ayer, mientras Kcho, en compañía de sus valiosos colaboradores Corina Matamoros, responsable de la museografía, y Sergio López, a cargo de la producción general, daba los toques finales al montaje de la muestra, hice un par de preguntas que a muchos, de seguro, les gustaría formularle: ¿por qué su fijación con La jungla?, ¿por qué su filiación con Lam? Una sola fue la respuesta: "Nosotros vivimos en La jungla, de Lam. Física e intelectualmente es nuestro mundo, nos movemos con ella, es un hecho vivo, cambiante, pero siempre definidor de nuestros desafíos. Y Lam es una presencia tremenda para mí. Yo he estado en muchos lugares del mundo vinculados al arte, y si se sabía de Cuba era por Lam. Es más, para mí el sentido de estar en el Museo de Arte Moderno, de Nueva York, era sentirme cerca de La jungla. Lam y La jungla nos anteceden y siguen anticipándonos". |
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