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Lo que el gobierno busca ROLANDO PEREZ BETANCOURT Hace unos días, las puertas del Península Hotel, en Beverly Hills, se abrieron para darle entrada a un enviado especial del presidente Bush. Cuarenta importantes ejecutivos de la industria del cine esperaban en el salón de reuniones al llamado "maestro de la imagen" del gobierno republicano.
Lo que el enviado traía en su cartera no era un secreto para nadie: Señores, el presidente necesita vender esta guerra dentro y fuera del país. El cómo "vender", sin embargo, no estaba claro. Caliente se encontraba aún en el ambiente la polémica causada por una proposición de pintar con los colores de la bandera las tradicionales letras que componen la palabra Hollywood, sobre una colina de la ciudad del celuloide. No, dijo finalmente el Ayuntamiento de Los Angeles, las letras seguirán pintadas de blanco. (Aquí habría que recordar las sostenidas pugnas entre los republicanos y una industria del cine con tendencia demócrata). Conocedor de que los legendarios héroes de Hollywood habían perdido fuerza tras los sucesos del pasado 11 de septiembre, el enviado fue explícito: La Casa Blanca no quería burdas exaltaciones de patriotismo, al estilo de aquel Rambo, tan alabado por Reagan, reconquistando Viet Nam. Tampoco era propicio el terreno para intentar grandes documentales como los realizados durante la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de exponerle al mundo la "grandeza del soldado norteamericano". Algo parecido sucedía con los largometrajes de aquel entonces: Películas al estilo de Guadacanal o Wake Island, realizadas en tiempos en que no existía la pequeña pantalla, no tendrían ahora el mismo efecto porque, ¡ah, la televisión, aun y con los frenos impuestos, cuantas imágenes de difícil aprovechamiento transmitía! Una guerra donde a diario mueren a bombazo limpio cientos de inocentes, requiere de fina mano propagandística para tratar de impregnarle visos de esplendor a la oscura noche. ¿Qué quería, pues, el enviado Karl Rove, magia? Es de suponer que los cuarenta ejecutivos con mayor peso en la industria del cine hayan posado sus miradas interrogante en el rostro del enviado presidencial, justo en el momento en que este aseveró: Traemos ideas, pero nos faltan las proposiciones. Luego, en declaraciones a la prensa de las que dan cuenta los cables, Rove aclaró que de ninguna manera el Gobierno quiere dictarle al cine lo que tiene que hacer y ni pensar en entrometerse en los guiones. ¡Manipulaciones, ninguna!, precisó. Acto seguido, tan múltiple como contradictorio, habló de "los ideales que deseamos comunicar". Y mencionó un listado de requisitos ideológicos que, según la Casa Blanca, Hollywood debe reflejar en sus producciones. Estos son algunos de ellos: "La guerra no es contra el Islam". "Estados Unidos es el país más generoso del mundo". "Estados Unidos respeta todas las religiones". "Esta es una guerra global y requiere de una respuesta global." El cómo Hollywood introduce a los comensales el plato que se quiere sin recurrir a su cocina tradicional es algo que está por ver. Mientras, ha habido una rápida respuesta que pretende emular "en cierta manera" a la que dieron artistas de la talla de Fred Astaire, Gene Kelly, Rita Hayworth, Bette Davis y Marlene Dietrich, cuando en los años cuarenta viajaron a Europa para entretener a los soldados norteamericanos que luchaban contra el fascismo: Se acaba de dar a conocer que dos actores de televisión, dos cantantes y la actriz Bo Derek irán a entretener durante nueve días a las tropas desplegadas en Bosnia y al Este de Europa. Que la ya madura, aunque todavía monumental Derek, protagonista en los años ochenta del filme erótico Diez, la mujer perfecta, haya sido proclamada a bombo y platillo como la peor actriz de Hollywood en los últimos tiempos, poco importa. O quizá sea representativo de que en ciertos planes ideológicos, a tono con la era posmoderna dominada por la visualidad y el imperio de la imagen, cabe todo aquello vendible por la causa. |
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