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16/11/2001
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Borrando las huellas de Michelle

Cómo no nos vamos a levantar

JOSÉ ANTONIO FULGUEIRAS

CORRALILLO.—El mar de La Panchita luce reposado y sin rencor luego de la tunda de viento que le dio el ciclón. Sobre un barco langostero que arribó hace apenas unos minutos para abastecerse y volver a zarpar, Misael Velázquez, conocido por Pachá, deja ahora su casa derrumbada por el meteoro, y le pone el pecho a la masa de agua salobre.

Foto: ALBERTO BORREGOLos pescadores construyen rápidamente nuevas nasas.

"Salí a pescar porque aquí nadie se queda desamparado, como dijo el Comandante. Mi familia está evacuada en el campismo de Ganuza. Vete para el mar Pachá, me dije, que la langosta está facilita de coger y es la única manera de sacarle algo bueno al maldito ciclón".

Salí a pescar porque aquí nadie se queda desamparado, dice Misael.

Sin embargo el huracán, con la misma gentileza que removió las langostas del veril y las acercó a la plataforma, creó una revoltura siniestra en el agua y acabó con casi todas las artes de pesca que hacían sus trampas en el fondo del mar. "Se dificulta la pesca a pulmón, pues no se ve nada allá abajo y entonces tenemos que utilizar las pocas nasas que nos quedan."

"Mas la extracción ha sido abundante en la primera semana", interrumpe Roberto Velázquez, director de la cooperativa y hermano de Pachá. Y agrega: "Ya capturamos 15 toneladas de crustáceo y esperamos cerrar el mes con no menos de sesenta."

Dice Roberto que ya se trabaja afanosamente por reconstruir las artes y otros elementos que permitan una pesca segura. Para certificarlo señala hacia un punto del litoral donde tres hombres construían, con entusiasmo, varias nasas.

Antonio Ibáñez, patrón del langostero, sacó a flote sus cuarenta años en el mar y afirma confiado. "A zambullida oscura o con poquita nasa regresaremos de nuevo a los puntos de pesca y continuaremos descubriendo en el fondo esos escurridizos bichitos que le dan muchas divisas al país".

EN EL UMBRAL DE LOS EVACUADOS

El mediodía entrega todo su calor playero. Un hombre de aspecto bondadoso abre la talanquera que da acceso al interior de la base de campismo de Ganuza. María Luisa de La Paz nos saluda como la directora de la escuela transitoria que allí funciona y de otra similar en El Salto. "Contamos con una matricula de 97 niños entre las dos bases. Ocho maestros se encargarán de impartir clases desde prescolar hasta el sexto grado. Le vamos a garantizar uniforme a cada niño y toda la base material de estudio que necesiten. Los maestros dieron el paso al frente con gran disposición y eso nos estimula. Aquí se va a enseñar y a aprender con amor. Y eso es lo más importante".

María Luisa es la directora de la escuela provisional, donde los niños tendrán toda la base material que necesitan para continuar el curso.

Mientras dialogábamos con María se detiene a nuestro lado Olivia Ibáñez, quien nos pregunta entusiasmada. "¿Se enteraron que el Comandante estuvo aquí y se interesó por cada uno de nosotros? Él es un faro que no hay ciclón que lo apague. Mi casa se destruyó completamente en La Panchita, pero sé que me van a levantar una más bonita. El Kate de 1985 me la tiró al suelo y la levanté como pude. Ahora sé que va a ser mejor porque Fidel nos dio confianza y un aliento que jamás había recibido en mis 52 años de edad."

Olivia sabe que su casa quedará mejor.

El médico de esta improvisada comunidad se llama Ariel Sarduy. Él vive y trabaja en La Panchita. "Yo vine para acá porque la mayoría de mis pacientes están aquí. Ellos me necesitan más que nunca. En estos momentos funciona como un consultorio médico de la familia. Hacemos terreno, realizamos consultas y llevamos a la práctica todos los programas de la salud".

A su lado está Yanisis Ramírez, su enfermera de allá y de aquí. "Ellos están muy contentos porque nosotros los seguimos. Aunque aquí también hay muchos pacientes de otros lugares afectados del municipio. Por eso vamos a realizar un censo con vistas a chequear el estado de todos los pacientes, y sus padecimientos. También registraremos a los niños y las embarazadas".

A la salida nos despedimos de Heliodoro López, jefe de la base de campismo con un nuevo cargo: Administrador del centro transitorio de evacuados.

En el mismo sitio en que ahora hablamos Heliodoro dialogó con nuestro Comandante en Jefe este último domingo ya al anochecer. "Fidel se quedó maravillado por la belleza de esta instalación y cómo sobrevivió con pocas averías a los vientos del ciclón. ¿Cómo están los evacuados?, me preguntó. ¡Bien Comandante!, le contesté y él se sonrió complacido."

También anduvimos por El Salto. Varios infantes se mecen tranquilos en los columpios del parque infantil. Oridalys se descubre. "Yo soy la niña que habló con Fidel". Y amplía: "Estaba jugando con mi amiguita, cuando vi entrar el yipi. Fidel, Fidel, grité y salí corriendo hacia él. ¿Cómo se sienten?, nos preguntó: ¡Bien! ¡Bien!, Comandante. Sentí alegría y ganas de llorar. Yo lo conocía por el televisor, pero él nunca me había visto a mí. Aunque, creo que sí me conocía, por lo contento que se puso cuando me vio y lo mucho que habló conmigo".

APUNTES PARA UN FINAL

Carlos García Linares es el presidente del Poder Popular. Él asegura que ya hay 257 viviendas completamente reparadas en el municipio, y que los materiales continúan fluyendo. Llegan los camiones cargados con planchas de fibrocén, fibroasfalto, rollos de cartón y canelones. Ya están allí 38 toneladas de cemento. También han visitado este lugar varios ministros, viceministros, líderes de organizaciones políticas y sociales. Todos quieren ayudar en lo material y lo espiritual.

Hay lugares del pueblo que están más bonitos que antes, y entre ellos los parques más alumbrados y embellecidos.

En La Panchita, donde el ciclón y la penetración del mar destruyeron totalmente 250 casas se microlocaliza un lugar idóneo para el levantamiento de las viviendas. Debe estar separado no menos de cien metros del litoral. Las familias que han perdido sus moradas han asimilado esta decisión humana y razonable.

Este fue el ambiente que observamos. Sin ponerle más ni menos a la retina. Dejé para la última línea la repuesta de Roberto, el pescador, cuando le tiré este dilema: ¿Se levantan o no se levantan? "¡Cómo no nos vamos a levantar!"

16/11/2001

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