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16/11/2001
Portada de hoy

Ante la invasión fílmica norteamericana

Europa sube los guantes

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Conocedor, quizá, de que hoy día el que domine las pantallas del mundo tiene a buena parte de ese mundo en un bolsillo, el Parlamento Europeo aprobó, hace solo unas horas, un informe mediante el cual se propone enfrentar la invasión cada vez más abarcadora de la industria norteamericana, tanto la dirigida al cine como a la televisión.

No se trata solo de una respuesta económica, sino en favor de una identidad cultural dañada sistemáticamente por unos patrones de consumo que comenzaron a cobrar bríos luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial y que en la actualidad, en cualquier lugar del orbe, apuntan hacia un porvenir turbador en lo que a las industrias nacionales respecta.

Hasta el presente ha regido en Europa una directiva algo ingenua para las proyecciones fílmicas en la pequeña pantalla, denominada Televisión sin fronteras. Tal como lo indica su nombre, es una suerte de mano abierta para cualquier tipo de producto competitivo y donde se impone la gran manufactura norteamericana, concebida para abarcar "todos los gustos" mediante una misma mediocridad planetaria.

En su informe, la Eurocámara propone revisar las normas de esas denominada Televisión sin fronteras con el propósito de obligar a las cadenas de televisión a dedicar mayor tiempo a la emisión de filmes europeos.

No hay que olvidar, sin embargo, que el poderío de la industria cinematográfica norteamericana se sustenta en una empresa general multimillonaria, ocupada no solo de la producción, sino también de la propaganda y del gran coronamiento de la cadena, la distribución.

Asuntos sabidos estos, que si bien no se especifican en el informe del Parlamento, si encuentran una respuesta al demandarse que se elabore un plan anual con el fin de hacer más competitiva la industria europea del cine, al tiempo que se deplora que los fondos destinados hasta el momento a tal empresa resulten insuficientes.

Las cadenas de televisión deben invertir un por ciento determinado en la industria fílmica europea, dice el informe.

Y también exige una mayor financiación destinada a las estructuras transnacionales de distribución de películas realizadas en Europa y para aquellas salas independientes interesadas en promover la cultura visual del continente.

Medidas todas, que si bien por el momento no emparejan aún la pelea —entre otras razones por los años de embutimiento de la cinematografía norteamericana en el viejo continente—, al menos indican que un par de guantes han comenzado a moverse en la otra esquina del cuadrilátero.

16/11/2001

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