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11/11/2001
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Centenario de Renée Méndez Capote

Una viejita cómica que nunca perdió la memoria

PEDRO DE LA HOZ

Parecía nunca tomarse en serio el oficio, pero era una escritora de la cabeza a los pies. Poseía un sentido del humor muy cubano, y en consecuencia rehuía todo tipo de trampa que la encerrara en la jaula de la solemnidad. De ahí que cuando en 1963 fue redescubierta como escritora —y luego veremos por qué digo esto—, respondió a un poeta y periodista que indagó por el calado de su consagración literaria: "No creo ni aspiro a ser original, ni a dejar mi nombre inscrito con caracteres dorados en la historia de la literatura cubana. Yo soy una viejita cómica que tiene mucho que contar".

Renée Méndez Capote cumpliría un siglo de vida rumorosa y vibrante este 12 de noviembre. La tendríamos contando lo humano y lo divino de su existencia y de otras que les fueron cercanas en la sensibilidad y en el tiempo. Fue una de las pocas personas que a medida que avanzaba en el calendario, más juvenil era su estampa anímica. Y al mismo tiempo, por su diapasón literario, parecía haber vivido con intensidad todo el tiempo de Cuba.

Hija del oficial del Ejército Libertador, Domingo Méndez, las vivencias de su niñez, tanto aquellas en las que fue protagonista como las que escuchó de los mayores que la rodearon, se sedimentaron con tan graciosa gravedad que al cabo de los años, varias décadas después, afloraron en toda su chispeante naturaleza. La publicación en 1963 de Memorias de una cubanita que nació con el siglo, que entusiasmó sobremanera a Samuel Feijóo, quien propició su salida en la editorial que dirigía en la Universidad Central de Las Villas, inauguró una nueva ruta en la memorialística insular, a medio caballo entre el ya desgastado costumbrismo y los perfiles que comenzaban a perfilarse en el nuevo canon testimonial. Con referencia a esto último, no es casual que uno de los que contribuiría poco tiempo después, cuando dio a conocer Biografía del cimarrón, a que la crítica consagrara este canon, el muy joven entonces Miguel Barnet, publicara una lúcida e incisiva reseña de las Memorias... en La Gaceta de Cuba en el propio 1963.

El estreno de las primeras armas literarias de Renée databan, sin embargo, de la década del 20. Un libro de relatos, Apuntes, y una colección de ensayos, Oratoria cubana, constituyeron su estreno editorial. Mas no caben dudas acerca de que su verdadero despegue acaeció con Memorias..., un libro para todas las edades y, me atrevería a decir, todos los gustos, a cuya sombra crecieron después títulos tan atendibles como Relatos heroicos, Por el ojo de una cerradura, Amables figuras del pasado y su muy agradecido Che, comandante del alba, dirigido a los niños y jóvenes, público lector que privilegió.

11/11/2001

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