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25/12/2001
Portada de hoy

Yo no soy grande por gusto

JOSE ANTONIO FULGUEIRAS

SANTA CLARA.—El Héroe de la República de Cuba, Ramón Clavelo, es un hombre que ha transitado por la vida sin medias tintas. Suelta una risotada ante un hecho que lo estimule o le haga gracia, o se enfurece y tira las palabrotas sin remiendo entre el viento y la guardarraya.

Pasó altanero por los 64 años de existencia y ha encerrado, desde 1963 hasta acá, su esperanza obrera y campesina en los verdes rectángulos cañeros.

"El viejo mío me estiró seis pies y pico sobre la tierra para que no le aguantara una chapucería a nadie, y le tendiera la mano al que se lo merece. En mi brigada cuando un machetero se destaca yo lo paro frente al colectivo y le hago elogios desde el sombrero hasta las botas. Ahora, con el que se pone a majasear no tengo consideraciones".

Clavelo es un guajiro afable y jacarandoso. Lleva 30 años al frente de la brigada cañera Mal Tiempo, la cual ha enviado a las gargantas de los centrales villaclareños más de 80 millones de arrobas. "A los macheteros hay que entenderlos y más a punto del mediodía cuando el sol te saca del cuerpo todos los encabronamientos de la jornada, y las santanicas te pican por todo el cuerpo. Eso yo lo sé porque siempre he dirigido con la mocha por delante, en primera fila, como hace Fidel, el Comandante en Jefe.

El Comandante en Jefe departe con Clavelo después de imponerle la Medalla Lázaro Peña de Primer Grado, otra de las condecoraciones que ostenta.

"Nunca le pido a nadie que me siga. La gente viene detrás de mí porque le gusta mi forma de ser y el humanismo con que los trato y lucho por resolver sus problemas. De mi familia solamente me siguió un hijo, mas cuando aprobó el examen de ingreso de ingeniería en la universidad, viró para atrás como el perro que tumbó la lata".

Él ha sacado de los sudores, el tizne y el coraje los postulados para dirigir: "Para ser un buen jefe de brigada hay que ser humanitario y combativo. Compenetrarse con todos los macheteros, porque aunque cada uno tiene sus características hay que medirlos a todos con la vara del orden y la disciplina. Yo comparto con todos, pero en el corte hay que cumplir los compromisos que acordamos".

Le fascina la pelota y se considera un scout de la caña: "Desde que veo el hombre me digo, este sirve o este no sirve. Reconozco que me he equivocado algunas veces, pero en la mayoría he aceptado. Yo prefiero a los más viejos sin despreciar a los jóvenes, pues he tenido muchachones que son combinadas como Carlos Fernández Valido, quien corta 2 000 arrobas diarias cada vez que le da la gana. Y tengo otros, como René Reyes, Efraín Mengana, de 66 y 67 años, y Vicente Sarduy de 72, que pican las que tu quieras sin aspaviento ni arrogancia".

Aunque archiva en su jolongo más de 2 millones de arrobas de caña derribadas, no se considera un virtuoso de la mocha: "Yo no soy grande por gusto, pero no dejo de reconocer que el hombre de mediana estatura tiene más facilidades para desenvolverse en el tajo. En 1972 me fajé con Mengana para ver quien cortaba más en una zafra y me hizo rebajar 70 libras en un mes y al final me sacó 15 000 arrobas".

Aún no le ha pasado por la mente abandonar su legendaria brigada. De pelotero sí se retiró cuando "toreó" un fly por el right field y le empezaron a chiflar. En la caña no hay espectadores en las gradas, solo el viento silba cuando la mocha clarea los plantones.

Ramón Clavelo es un gallo veterano y madrugador que se tira del palo todos los días a las cuatro de la mañana. Se da en el pecho con las manos callosas, canta en el albergue, y despierta a los hombres antes de que el cañaveral abra los ojos.

 

25/12/2001

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