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Elvira, la Heroína del Trabajo Más de 30 años dirigiendo una escuela primaria HAYDEE LEON MOYA GUANTANAMO.—Entre sus cosas más queridas, Elvira Guerra Cardona guarda con mucho celo diplomas, certificados y condecoraciones en número nada despreciable. La estrella dorada con que fue premiada a los 78 años de edad como Heroína del Trabajo de la República de Cuba ocupa un lugar especial y distinguido.
Todo ello sintetiza el reconocimiento social por sus 55 años como maestra. Ella lo sabe y lo aprecia tanto como un saludo o frase cariñosa que le dispensan a su paso aquellos que fueron sus alumnos o sencillamente estuvieron en una de las 7 aulas de la escuela primaria Enrique José Varona, donde se formó como maestra y la cual dirige hace nada menos que 37 años. Sin previo aviso llegué una tarde lluviosa del último septiembre a una de las más antiguas escuelas de Guantánamo y por un discreto pasillo lateral, entre cientos de niños uniformados, me interné hasta el patio interior de la Varona. Y allí estaba Elvira. Es menuda y de pequeña estatura, tanto, que muchos de los alumnos de sexto grado besan su frente sin necesidad de inclinarse. Es hora de recreo y ella lo comparte con sus muchachos, como tantas veces en sus 78 años de edad. ¿No se atormenta usted con tanto alboroto? En lo más mínimo; sin ese bullicio a la hora del recreo sí me atormentaría, pues no sería normal. Esa energía de los niños es el mejor antídoto para el aburrimiento, de manera que yo no
sé qué es ese estado de ánimo porque vivo permanentemente rodeada de personitas como esas. Permanezco mañana y tarde en la escuela y parte de los fines de semana. Chica, si supieras que no me enfermo, no sé si será porque cada mañana me tomo una aspirina o porque los niños son mi mejor medicamento, pero la verdad es que me siento muy bien; nunca me ha dolido nada...bueno, hubo un tiempo que al llegar los exámenes experimentaba un dolor intenso, pero hace ya mucho tiempo. Hace medio siglo, la casona de la calle Pedro A. Pérez, esquina a Jesús del Sol, en el mismo corazón de esta ciudad, funciona como escuela, pero hasta 1941 fue refugio de personeros militares que servían a los desgobiernos de turno. Y cuentan que en su interior se cometían crímenes secretos, aprovechando la existencia de un sótano con grandes túneles que se comunicaban con la cárcel de la ciudad. En 1946, Elvira comienza a trabajar allí como maestra de artes manuales y economía doméstica. Era la Varona una de las pocas escuelas privadas laicas de la ciudad, donde estudiaban los que tenían posibilidades económicas. "Allá por los años 50, y antes, cuando la escuela era privada, hubo un tiempo en que al llegar las pruebas experimentaba un dolor inmenso. Aquí —se reclina en su silla y hala una gaveta del buró con varias divisiones pequeñas— se echaba el menudo de la venta de las hojas a los alumnos para los exámenes. Valía 10 centavos cada una. Y muchos no las podían pagar, ni examinar. "Por cosas como esas, muchos revolucionarios se opusieron en aquel tiempo a los gobiernos responsables de esa discriminación. Mira, en esta misma escuela aprendí a trabajar con un mimeógrafo con el cual hacíamos propaganda revolucionaria, como parte de las actividades del Movimiento 26 de Julio". ¿Qué suerte corrió la Varona después de 1959? La misma que todas las del país. Pasó a manos del pueblo cuando la nacionalización en 1961. A mí, como a otros tantos entonces, la Revolución nos dio la posibilidad de pasar un curso que equiparó nuestros conocimientos como maestros primarios. Trabajé los 4 primeros años impartiendo clases y a partir de 1964 comencé como directora, hasta hoy. El hecho de que este centro escolar conserve en muy bien estado el mobiliario de hace medio siglo, con los mismos pupitres de paleta donde aprendieron a leer y escribir, por ejemplo, dos compañeras que hoy son maestras aquí, refleja la disciplina y el cuidado que reina en la Varona. ¿Cuándo se retira? No quiero anunciarlo, porque esta escuela de pronto se me torna casi desconocida, llena de televisores y computadoras, los niños aprendiendo cosas que tengo que dominarlas antes de retirarme. Aunque desde el punto de vista arquitectónico se mantiene casi intacta y muchos de los maestros que trabajan aquí lo hacen desde hace más de dos décadas, el centro se rejuvenece ahora con la introducción de los programas de la Revolución en el sector educacional. Por esas cosas yo le agradezco a Fidel su empeño en este sentido, pues gracias a él estoy viendo lo que realmente nunca imaginé. ¿Qué le satisface más de sus tantos años de trabajo? Cuando alguien me dice: ¿ todavía es la directora de Varona? Y cuando le respondo positivamente, agregan: ¡usted es la maestra más vieja de Guantánamo! Yo les contesto: No, en todo caso, la de más años de labor. |
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