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La tercera pantalla ROLANDO PEREZ BETANCOURT Destruir al otro, hacerlo añicos, se ha convertido en un acto imaginativo de primer orden en el terreno de los juegos electrónicos. En estos tiempos de despidos masivos en las grandes empresas, incluidas las relacionadas con la computación, todo ser ingenioso capaz de crear nuevos pasatiempos relacionados con la violencia tiene asegurado un lugar lucrativo bajo el sol. Esa tercera pantalla se ha servido del camino labrado por sus antecesores, el cine y la televisión, para sembrar variantes de rudeza en las que el espectador deja de ser un ente pasivo para convertirse en un participante fundamental de la trama. Ya las pistolas, las bombas y los aviones no las llevarán sus héroes favoritos, sino él mismo. El viejo tiro al blanco con palomitas de aquellas pantallas iniciales, o la lucha cuerpo a cuerpo han sido enriquecidos por emociones más fuertes y abarcadoras: bombardeos masivos, ciudades arrasadas por plagas contaminadoras, continentes hundidos en el mar a causa de explosiones atómicas y, principalmente, sangre, profusión de sangre. Desde el 11 de septiembre pasado, en que el mundo comenzó a asomarse a un precipicio, no son pocos los que han asociado las tragedias de Nueva York y Washington con el mundo del cine, donde hasta ahora, en materia de terrorismo y catástrofe, todo parecía creado, excepto esas vistas tan precisas de los aviones de pasajeros hundiéndose en las Torres Gemelas con la precisión de una daga florentina. Sin embargo, tales imágenes de la colisión y el derrumbe no son en absoluto inéditas y ya estuvieron en las pantallas de unos cuantos ordenadores, mucho antes de aquella hora fatídica. El juego informático se llama Simulador de vuelo 2000 y es de Microsoft. Alta definición y potencia definen a la nueva proposición del entretenimiento. En ella se puede seleccionar un avión y un escenario de la trama. Dos posibilidades tienen los Boeing: el 737 y el 777. Entre las opciones para operar se encuentra una denominada Vuelo sobre Manhattan. Escogida esta, solo se necesita marcar las coordenadas del World Trade Center ofrecidas en el programa ( 40o 42' N, 74o 00' W ) y ya está. Un realismo tan estremecedor como el visto en días recientes acabará con las Torres y con todos los que dentro de ellas se encuentren. Es de imaginar cuántas personas se habrán puesto en contacto con Simulador de vuelo 200 antes del 11 de septiembre. Y también que el FBI, la CIA y cuantos investigan, conozcan esta posibilidad del caos ofrecida por la más reciente de las tres pantallas que hoy nos dominan. |
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