![]() |
|
Guillermo no vive a la antigua Un hombre habla de la inseminación artificial y sus ventajas. Muchos productores de leche reniegan de esta técnica Texto y foto: Ortelio González Martínez El día que Guillermo llegó a su casa y le dijo a Erundina, su esposa, que Maribel estaba en celo, ella frunció el ceño y enseguida le espetó: "¿Qué Maribel?, yo no conozco a esa." —Maribel, mija, la vaca de Yoel. Erundina suspiró profundamente y aceptó la broma sin mucha gracia. Por primera vez —y ahora dice que por última— Guillermo utilizaba un juego tan poco agradable, más sabiendo que ella no entiende de chistes que evoquen nombres femeninos.
Lo encontré por casualidad en la zona de Manaca Arriba, donde había acudido al llamado de una vaca. "Uno las conoce a la legua. Cuando están en celo braman diferente, se ponen intranquilas, se apartan del grupo, comen poco, casi no toman agua ni mueven el rabo". A Guillermo lo llaman el Máster. Es toda una institución en eso de meter y sacar varillas inseminadoras. "Más del 60 por ciento de las vacas que yo trabajo quedan preñadas." Y acto seguido se vale de las peripecias del oficio para hablar de la alta fecundidad. "Yo tengo por norma depositar el semen del cuarto al quinto anillo, en la bifurcación del útero, y siempre trato de buscar la parte derecha porque el ovario derecho es el que más ovula. El izquierdo está más comprimido por la panza del animal, y los jugos gástricos también actúan sobre el ovario." Yo, neófito en esa materia, le escuché, mas no lo entendí. De lo que sí me percaté en medio de la disertación es de que él podrá ser mal mirado por los toros, pero al menos los dueños de las vacas siguen buscándolo. "He tenido días de vérmelas con más de 10 hembras, hace años, cuando trabajaba en la cuenca lechera de aquí, de Florencia. Ahora hay un nuevo intento por retomar esa práctica y ya algunas cooperativas de créditos y servicios, como la Ramón Duque, y varios campesinos individuales aplican la inseminación." Por cierto —le comento— la mayoría de los productores privados aplauden la monta directa; al toro grandote y fuerte, el hijo de la vaca Fulana y nieto de Sutana, las que más leche dan en la zona... y así te cuentan la historias de generaciones completas para al final darte un criterio contrario al moderno método de gestación. Eso es una gran verdad, pero es por desconocimiento y viejas costumbres. Quizás no quieran darse cuenta de que la monta directa —aunque no niego que les guste más a los animales—, daña a la hembra. Imagínate un toro de 1 200 libras encima de una vaca. Claro que tiene que sufrir. Además, puede transmitirle enfermedades y afectar la gestación." Y así, entre anécdotas, ya no me quedan dudas de lo útil de esa técnica para la rápida recuperación de la ganadería cubana, muy deteriorada en los últimos años. "Mira, aquí en este termo congelado ahora mismo traigo semen garantizado de Cebú Lechero, Mestizo Siboney y Pardo Suizo. ¡Búscame un toro que asegure tan variada oferta! No por gusto tengo por ahí vacas que dan más de 12 litros de leche." Y como para que yo quedara totalmente convencido me espetó: "Con el inseminador los productores pueden hasta planificar los partos de las vacas y, por ende, los planes de leche. ¡Ah!, y si alguna no cae en celo, existen tratamientos hormonales y masajes para estimulárselo." Al final, llegué a una sola
conclusión: los momentos más gratos de el Máster están marcados por la
cantidad de vacas que ha dejado gestadas en 34 años de fecunda labor
varilla en ristre. |
|