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Mito y realidad de las
Fuerzas Especiales MIGUEL ANGEL UNTORIA Una leyenda se creó en torno a estas fuerzas, creadas como Rangers en la Segunda Guerra Mundial y establecidas en todos los servicios armados estadounidenses, después de Viet Nam, como una medida práctica para asegurar la participación desde los momentos iniciales en cualquier conflicto, lo que debería a su vez garantizar el protagonismo del Ejército, la Fuerza Aérea, la Marina de Guerra o del Cuerpo de Infantería de Marina y en consecuencia asegurar millonarias asignaciones del presupuesto de defensa.
Según el Pentágono, sus integrantes podrían resolver cualquier problema y en consecuencia a finales de 1997, fuerzas de operaciones especiales de los Estados Unidos, estaban desplegadas en 64 países al mismo tiempo. Desaparecida la URSS, aunque en sentido general las fuerzas militares han disminuido en cerca de un 30 por ciento, las unidades de operaciones especiales casi se han triplicado. Los jefes del Pentágono encontraron otra vez misiones para sus fuerzas preferidas. En la actualidad están organizadas dentro del Ejército, en un Comando de Operaciones Especiales con ubicación en la base de la Fuerza Aérea de MacDill cerca de Tampa en la Florida e incluyen Rangers, Boinas Verdes, y los efectivos de asuntos civiles y operaciones psicológicas. En la Marina de Guerra y en la Infantería de Marina la integran los grupos SEALS, mientras en la Fuerza Aérea están compuestas por pequeñas unidades de misiones especiales, todas ellas están preparadas, equipadas y entrenadas para cumplir misiones que van desde las clásicas tareas de exploración en la profundidad del territorio del adversario o evacuar refugiados, hasta la recuperación de proyectiles químicos o nucleares supuestamente en manos de terroristas, pasando por misiones de lucha contra las drogas, las operaciones de búsqueda y rescate, de minado y desminado, así como operaciones encubiertas dirigidas por la Agencia Central de Inteligencia, CIA. Las fuerzas para las misiones especiales han sido modificadas con el paso del tiempo, tratando de tener en cuenta las experiencias de todas las aventuras bélicas en que han sido empleadas. Durante la guerra de Viet Nam se involucraron en crueles y bárbaras acciones contra poblaciones civiles. En 1980 Estados Unidos trató de emplearlas para liberar los rehenes norteamericanos en Teherán, Irán. La operación recibió el pomposo nombre de Eagle Claw (Garra de Aguila), pero terminó en un gran fracaso poco antes de comenzar. Un avión y un helicóptero chocaron entre sí y como resultado ocho militares estadounidenses murieron y decenas sufrieron heridas. Durante la invasión a Granada en 1983, codificada con el nombre de Furia Urgente, un comando de tropas especiales de la Infantería de Marina (SEALS), cayó al mar con sus paracaídas y se perdió. Solo lo rescataron después de permanecer varias horas a la deriva. En aquella ocasión, el ataque al hospital siquiátrico, con aviones A-7 que debían ser dirigidos desde tierra, costó la muerte a 18 pacientes. En diciembre de 1990, Estados Unidos inició la invasión a Panamá con la operación denominada Causa Justa, en la que asignaron a las Fuerzas Especiales la misión de capturar a Manuel Antonio Noriega. Un grupo de SEALS que trató de neutralizar el aeropuerto para evitar que Noriega escapara, fue descubierto por efectivos panameños. Resultaron cuatro norteamericanos muertos y nueve heridos. Durante la operación Tormenta del Desierto en 1990-1991, contra Iraq fueron desplegadas nuevamente las Fuerzas Especiales en cooperación con sus homólogas de Gran Bretaña conocidas por las siglas SAS, para localizar y destruir las baterías de misiles Scud que supuestamente apuntaban hacia Israel, pero la operación fracasó. Una vez más en 1993, Estados Unidos las desplegó en Somalia, en una operación denominada Restauración de la Esperanza, para capturar al líder guerrillero Mohammed Farah Ahidid. Lo que ocurrió fue un verdadero desastre, el más grave sufrido por las llamadas fuerzas elite. Rangers y Boinas Verdes del Ejército, quedaron atrapados en las cuerdas de los helicópteros que los trasladaban. Después de 13 horas de combate, 18 efectivos estadounidenses murieron, más de 80 fueron heridos, 20 fueron hechos prisioneros y al menos los cadáveres de dos soldados estadounidenses, fueron arrastrados por las calles de Mogadiscio. Estos son los resultados
prácticos del gran mito que dicen emplearán una vez más para apoyar las
acciones en territorio de las repúblicas centroasiáticas y ya actuando
en Paquistán. |
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