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La guerra "distinta" ORLANDO ORAMAS LEON El presidente Bush había asegurado que la guerra contra el terrorismo sería distinta. Aunque el mundo no se hizo muchas ilusiones. Dijo que no habría día D, pero el domingo 6 de octubre marcó el inicio de las hostilidades, anunciadas, como otras anteriores, por la televisión y desde el propio despacho oval en la Casa Blanca. Predijo el mandatario que no sería una contienda convencional. Sin embargo el comienzo fue un clásico de las intervenciones norteamericanas en todo el mundo. Los bombardeos contra Kabul y otras ciudades afganas recordaron el "ablandamiento" ejecutado por los helicópteros y aviones estadounidenses contra el barrio panameño del Chorrillo, borrado literalmente del mapa hace más de una década. Solo faltaron las imágenes de las cadenas de televisión norteamericanas como ocurrió cuando la guerra del Golfo. Ahora los corresponsales estrellas tienen que contentarse con hacer turismo tras las líneas de la Alianza del Norte. Por cierto, la coalición antitalibana está aprovechando la coyuntura que casi la sacó del anonimato y que promete ponerla al frente de un gobierno post talibán, en extraña armonía con el casi nonagenario ex rey Mohamad Zaher Zah, quien vive el cómodo exilio en Roma, también sacado de abajo de la manga. Algo parecido hicieron en Guatemala durante la intervención de la CIA contra Jacobo Arbenz y aquella intromisión abrió una guerra civil de más de tres décadas que costó centenares de miles de vidas. En Cuba, cuando la invasión de Girón, acuartelaron a un gobierno fantoche, pero aquí el tiro les salió por la culata. En fin, que de distinta esta guerra no tiene nada. Y ello lo corroboran también algunas de las caras del gabinete bélico estadounidense. El presidente Bush, comandante supremo, solo aporta el apellido, pues no tiene experiencias salvo las legadas por su padre de la Guerra del Golfo. El vice, Richard Cheney, estuvo al frente del Pentágono durante aquella conflagración. Colin Powell, secretario de Estado, fue entonces el jefe del estado mayor conjunto. Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, ya lo fue durante la administración Ford y se ha especializado en temas antimisiles. George Tenet, director de la CIA, todo un veterano de los servicios de inteligencia; y Richard Myers, jefe del estado mayor, general de aviación, quien también pasó por Viet Nam. Quizás la nota
"distinta" de la guerra, antes ya empleada, fue la utilización
de dos aviones de transporte C-17, que lanzaron La guerra anunciada contra Osama bin Laden ya causó bajas civiles y destruyó viviendas y un hospital en Afganistán. Entre los objetivos destruidos estuvo una dependencia de Naciones Unidas, cuatro de cuyos miembros murieron e igual número resultó herido. La precisión de los bombardeos había sido probada antes en Yugoslavia (recordar que allí no escapó ni la embajada china). Lo que sigue tampoco será nuevo. Nuevas oleadas de ataques cubrirán los días y noches afganas, para beneficio del complejo militar industrial, que debe suplir las municiones gastadas y estrena sus últimas novedades de la muerte. No por gusto las acciones de las empresas armamentísticas cotizan al alza en Wall Street. Al propio tiempo, Estados
Unidos vive bajo la angustia y el temor de nuevos ataques terroristas,
cual represalia a la guerra. En CNN, un titular anunciaba
nuevas protestas antinorteamericanas en Paquistán y otras naciones
musulmanas. La guerra "distinta" es tan injusta como otras
tantas lanzadas por Estados Unidos. Detenerla a tiempo no solo es urgente,
sino un aporte a la paz y un compromiso real e internacional de lucha
contra el terrorismo. |
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