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Medallas por la vida Ana Ivis Galán y Yirian García En 1979 tuvo un accidente cuando se calificaba en una fábrica de tejidos en Checoslovaquia. Una caída en la escalera del albergue la dejó parapléjica (compresión medular que le impide caminar). En 1980 regresó a Cuba en una silla de ruedas que la ató de por vida a la discapacidad física, pero ello no fue un obstáculo para convertirse en campeona.
Pastora encontró en el deporte su integración social. Pastora Hernández Navarro, de la provincia de Villa Clara, es hoy un ejemplo de voluntad. Por su esfuerzo y méritos asistió como delegada al Primer Congreso de Mujeres Discapacitadas, celebrado en esta capital. En Praga tuvo 6 meses de rehabilitación, la cual continuó a su regreso en el hospital Julito Díaz. La ACLIFIM la captó y se sumó al deporte como forma de integración social. La actividad deportiva fue ganando en importancia dentro de la organización y Pastora se decidió por el tenis de mesa, que es donde más resultados internacionales ha obtenido. Su entrenador David Olarde, de Remedios, Villa Clara, es la persona que más ha influido en sus éxitos. Sus resultados deportivos así lo demuestran. En 1984, año en que comenzó el entrenamiento, obtuvo su primera medalla de oro a nivel nacional. En 1985 figuró entre las tres primeras mujeres que pudieron ascender en una silla de ruedas la loma de Mayabe, Holguín. En 1987, en un encuentro internacional deportivo, en Alemania, ganó oro en el Slalon (habilidades con la silla de ruedas) y plata en los 5 000 metros. Sus lauros van más allá del deporte. En la lucha por la vida es también una ganadora. "Mis más grandes medallas no son solo deportivas. La vida me ha premiado con Delvis, mi hijo que ya tiene 11 años, y el trabajo como miembro del Consejo de Dirección Provincial y Nacional de la ACLIFIM", señala. Cinco años después reafirmó su condición de campeona nacional en tenis de mesa. En el Panamericano de Argentina (1995) obtuvo plata, y en el de México (1999) dos del mismo color, una por equipo y otra individual. Pastora confiesa tener una deuda de gratitud con la organización, y en especial con su familia, que ha sido el sostén principal para facilitar su dedicación al deporte. Su esposo es también un artífice de sus medallas. Entrena ocho horas diarias y
se prepara para los Panamericanos que se celebrarán en Argentina del 4 al
11 de noviembre próximo. De sus resultados depende su participación en
el Parapanamericano de Santo Domingo, en el 2003. |
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