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25/12/2001
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De cara al Mundial de Béisbol

Rusia, ¿la sorpresa?

SIGFREDO BARROS

A la hora de seleccionar equipos favoritos para llegar a la final del venidero XXXIV Campeonato Mundial de Béisbol, todos, desde el neófito hasta el especialista, no vacilan en pronunciar países de larga tradición: Cuba, Estados Unidos, Japón, los anfitriones taipeianos, Sudcorea, Dominicana...

Los lanzadores rusos llamaron poderosamente la atención en el torneo europeo.

No ocurre lo mismo cuando de escoger al más débil se trata. Puede argumentarse la poca experiencia de Francia y Filipinas, conclusión similar a la esgrimida cuando se menciona a Sudáfrica. Pero, ¿y qué hay con Rusia?

Si nos atenemos a su participación en campeonatos del orbe, resulta obvio que los peloteros rusos son de los que menos veces han concurrido a estas citas, pues debutaron hace cuatro años en Italia'98 y, como era de suponer, no ganaron ninguno de los siete encuentros efectuados, aunque llamó la atención su derrota ante Canadá, por estrecho marcador de 3-2.

La historia del béisbol ruso se remonta a la década del 80 y ya en 1989 se registra el primer torneo nacional, con un campeón, el CSKAPO, un equipo que ha alternado la supremacía con otro representante moscovita, el Krasniye Diavoly, durante los 90. En 1991, un seleccionado de la todavía existente Unión Soviética compitió en la Copa Intercontinental de Barcelona, consiguiendo un triunfo sobre otro participante europeo, Francia. Dicho sea de paso, quizás haya sido este el último colectivo deportivo soviético en una competencia de categoría mundial, pues cinco meses después la URSS desaparecía como nación.

Los años han pasado y Rusia continuó la práctica del béisbol hasta llegar al pasado XXIII Campeonato Europeo de Béisbol, con sede en varias ciudades alemanas durante los meses de julio y agosto del presente año.

¡Y cuál sería la sorpresa cuando Rusia logró vencer a una de las dos potencias beisboleras europeas, Holanda! El marcador final fue de 4 carreras por 3, con un excelente trabajo del derecho Nikolai Petrov —cuya recta "camina" a 90 millas—, quien se mantuvo 8 innings en la lomita espaciando 9 jits y lanzado un total de 96 pelotas hacia el plato, dejándole a Yuri Jirov los últimos tres outs del choque. Dos jonrones, del camarero Alexander Nizov y del jardinero izquierdo Andrei Kripotchine, y un doblete del guardabosque central Dimitri Likhine con el cual remolcó dos carreras en el noveno capítulo, fueron las notas destacadas en el triunfo, calificado de espectacular por la prensa reunida en el torneo.

Pero eso no fue todo. Ya metidos de lleno en la disputa de las medallas, los jugadores rusos, bajo la égida del mentor Nikolai Guervassov, consiguieron otra hazaña: derrotaron a otro grande, Italia, 2-0, y se ganaron el derecho a discutir la final. Otra vez el pitcheo se comportó a gran altura, pues entre Rinat Makhmoutov (6 y 2 tercios) y el relevista Oleg Korneev, dejaron a los bambinos en tres indiscutibles, mientras la defensa se comportaba a gran altura, sin errores y con un doble play.

En la disputa del título, Holanda los venció con pizarra de 4-0, pero las medallas de plata fueron para los rusos, su primer gran éxito beisbolero en la arena internacional. Tres jugadores sobresalieron a la ofensiva: el receptor Andrey Selivanov, 429; el segunda base Nizov, 323, y el torpedero Valery Platonov, 320, un trío que seguramente estará presente en el Mundial de Taipei, al igual que varios de sus lanzadores, quienes trabajaron de conjunto para 3,65 en 69 innings de labor.

El béisbol es un deporte tan repleto de imponderables como cualquier otro. En los Juegos Olímpicos de Sydney, Holanda superó a Cuba y, a su vez, la débil Sudáfrica derrotó a los holandeses, 3-2. El XXXIV Mundial no será una excepción y, por qué no, Rusia pudiera ofrecer más de una sorpresa.

25/12/2001

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