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25/12/2001
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Mujeres, misteriosas musas...

Andrés D. Abreu

Casarás y amansarás —dice el refrán— pero no dice que a la mujer hay que saber dibujarla —escribió Leonel López-Nussa en su libro El Dibujo— y aunque el artista sobrepasa medio siglo de dibujar y dibujarla, a sus ochenta y cinco años de edad mantiene su pincel activo sobre ellas, que constituyen uno de sus temas más recurrentes.

Mujeres, misteriosas musas... es una muestra de la obra de López-Nussa que se exhibe entre las columnas interiores y las escaleras que rodean la entrada a los salones del Gran Teatro de La Habana y forma parte de esa singular y extensa colección plástica que el artista ha dedicado a la mujer. La selección incluye un grupo de trabajos realizados por Leonel entre los años 91 y 92 y ha sido organizada y curada acertadamente por su hija Krysia López-Nussa.

Desde un lienzo central donde la mujer se hace deseo escondiéndose entre colores y figuras, se desprenden un grupo de obras en cartulina, estructuradas no solo por la presencia del corpus femenino sino por un ensamblaje de motivos, a lo que ayuda la inclusión de pequeñas series como Rostros africanoides y Pájaros de presa.

Pensar que determinado estilo, o manera, se convierta en fórmula, lo he visto con horror —escribió también el artista en su libro El Dibujo. Tal vez por ello estas mujeres, unas en blanco y negro, otras a escasos colores y algunas con mayor policromía, están concebidas desde el dibujo, la gráfica, la pintura, el expresionismo, el surrealismo, y hasta con toques de primitivismo, añadidos en diferentes dosis de estilo para no repetir la fórmula sobre la recreación de sus musas.

Sin dudas es la visión criolla, voluminosa y picaresca, el elemento más exaltado en la imagen femenina de los cuadros. La mujer es admirada y respetada en el sentido expresivo de las obras, incluso cuando le incorpora elementos como la monstruosidad. Leonel, aunque abunda en los movimientos suaves, no puede desprenderse de sus trazos agudos que tanto marcaron su obra a principios de los años setenta y que le adjuntaron referencias Piccasianas.

Las mujeres de López-Nussa, perturbadoras todas, ya sea desde el estro, la densidad o el misterio, buscan al espectador con al menos un ojo y así lo atrapan y lo convierten en un mirón de curvas y vértices, en un curioso de la provocación de sus manos — elemento escogido para desatar el constante erotismo de las líneas. Sus formas extraviadas, sus desarticulaciones y el juego con objetos insertados, crean un ambiente reflexivo que subvierten la observación en pensamiento. Ellas, sutilmente, desde sus cuadros esperan. Veinticuatro mujeres que hasta el 14 de octubre continuarán alternando y alterando el majestuoso eclectisismo del Gran Teatro de La Habana.

25/12/2001

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