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A tiempo de rectificar Félix López El hecho no dejaría de ser uno más, atendiendo a su modus operandi y la motivación económica recurrente, a no ser por la irresponsabilidad de las autoridades de los Estados Unidos... Ocho emigrantes ilegales cubanos fueron devueltos el domingo por el Servicio de Guardacostas norteamericano, institución que decidió "quedarse" con una novena persona.
Ese grupo había salido el pasado 4 de octubre por playa Galleta, en la costa del norteño municipio Mariel. Entre todos reunieron 40 mil pesos para construir la embarcación rústica (a la que instalaron un motor estacionario) y pagar al camionero que la trasladaría al punto de embarque. En Güira de Melena, sitio de residencia de 8 de los participantes, se fraguó la abortada travesía. Amarilys Campos Díaz, 26 años, cuenta que navegaron durante un día, hasta encontrarse con dos pescadores norteamericanos que les suministraron agua y se ofrecieron de guías... Al parecer fueron ellos quienes los remolcaron directo al Servicio de Guardacostas. En uno de esos barcos, cuenta Juan Carlos Torrens, vimos por última vez a Roberto Cordero. ¿Quién es este individuo que las autoridades del Servicio de Inmigración decidieron separar del grupo? Momentos antes de los interrogatorios de rutina del INS, Roberto Cordero aseguró a sus compañeros de viaje que él no regresaría a Cuba, que era "refugiado político". Un viejo truco con que muchos se hacen del favor imperial, aun cuando no han tocado tierra estadounidense, la condición que establece la criminal ley de ajuste. Roberto Cordero tiene en Cuba una historia, pero no es política. En Güira de Melena se le conoce por Roberto el Maceta, un mote que tiene entre nosotros un conocido origen. De sus bienes mal habidos se le ocupó en una ocasión una embarcación y una moto. En cuatro ocasiones anteriores intentó llegar a la Florida, dos veces fue devuelto por los Guardacostas y una por la Base Naval de Guantánamo, lugar de donde ya había escapado cuando la oleada de balseros de 1995. Al "creer" la
historia de "perseguido político" que se construyó este
individuo, las autoridades norteamericanas no solo cometen el error de
abrir las puertas de aquel país a un impostor y vulgar delincuente, sino
que cometen una nueva violación de los acuerdos migratorios suscritos
entre las dos naciones. Algo que más de una vez ha ocurrido sobre el
Estrecho de la Florida. |
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