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Crisis económica en Estados Unidos Sin culpa para los atentados JOAQUIN RIV ERY El mundo parece que se va a caer a pedazos. Los días van trayendo los trozos de información sobre las pústulas que le aparecen a la economía capitalista mundial en América, Europa y Asia y, de creer al chorro de noticias, la causa de los males están en los atentados terroristas de Washington y Nueva York. Pero no es así. Los atentados pueden haber tenido un efecto sicológico negativo sobre todo en las líneas aéreas y en el turismo neoyorquino y hasta estadounidense; las bolsas sufrieron sin duda un golpe de pánico temporal. Mas eso fue todo. Lo demás que se anuncia como males repentinos son las llagas previsibles de un organismo enfermo desde hace tiempo, que no sorprenden a ningún observador del entorno económico. La causa de los problemas es interna, está dentro del sistema mismo y se viene anunciando hace tiempo. Las crisis son cíclicas e inevitables. Declarar que la debacle se debe a los atentados es un enmascaramiento para que los ciudadanos la asuman como el pago de un deber patriótico bastante manipulado por los medios de difusión. Desde el año 2000 la economía estadounidense comenzó una caída cuesta abajo que no se ha detenido nunca, a pesar de las declaraciones contrarias de las autoridades de Washington. De seguir las palabras oficiales, habría que preguntarse entonces por qué la Reserva Federal ha mantenido durante todo este año la política sistemática de reducir las tasas de interés y por qué la rebaja de impuestos del presidente Bush. Nadie emprende medidas de reactivación cuando la economía anda bien. La revista El Economista, de España, fue elocuente en su portada de fines de marzo pasado con estos titulares: "Recesión a la vista...", "Wall Street deja de creer en la magia de Greenspan", "Los tipos de interés japoneses de nuevo al 0%", "Argentina cerca de la peor crisis de su historia". En la segunda semana de abril, cuando el índice de desempleo norteamericano andaba por el 4,3 por ciento, El Economista, anunciaba en su portada: "Medio millón de trabajadores despedidos en EE.UU." Se trataba solamente de un saldo de tres meses y la eliminación de puestos de trabajo se ha mantenido a ritmos incluso crecientes. Hoy la tasa de paro debe andar por el cinco por ciento y los últimos datos reflejan la pérdida de más de 1 300 000 empleos en nueve meses. En mayo, la misma publicación decía: "Bush, sin capacidad de respuesta ante la amenaza de crisis. El viejo poder empresarial dicta la política económica." Y en junio, con la baja de turno de los tipos de interés, El Economista subrayaba el interés de la Reserva Federal en que los estadounidenses dilapidaran dinero al decir: "No quiere que dejen de consumir. De su gasto, responsable de las dos terceras partes del crecimiento, depende la salvación de la economía de EE.UU." ¿Qué tiene que ver la baja de las tasas de interés con el consumo? Ese índice refleja el costo del dinero. Para consumir hace falta dinero y se consigue en los bancos, pidiéndolo prestado; mientras menos interés se pague, más atractiva se hará cada inversión: automóviles, casas, equipos costosos de larga duración, cualquier compra que se pague con tarjeta de crédito. En Estados Unidos, sin préstamos no hay consumo, porque los norteamericanos no ahorran para el futuro, simplemente van al banco y solicitan el dinero, por lo cual es normal que las familias tengan deudas casi permanentemente. Con los resbalones experimentados por las bolsas de valores, por lo menos la mitad de las familias norteamericanas han tenido pérdidas y el pronóstico meteorológico de la economía mantiene la indicación de bajas bursátiles. Por lo tanto, no hay ninguna señal de mejoramiento de los presupuestos domésticos que pueda estimular el gasto, y ahí entra en juego la Reserva Federal, bajando los tipos de interés para intentar mantener el consumo. Eliminar impuestos y abaratar el dinero no ha logrado absolutamente nada. La economía se mantiene por lo menos en terapia intermedia. Quizás los atentados den a Washington el pretexto que necesitaba para una intervención masiva del Estado en ayuda de las grandes empresas transnacionales. Se habla de la posibilidad de que el Congreso apruebe un paquete de decenas de miles de millones de dólares, al margen de la insuflación de oxígeno monetario sancionado ya para Nueva York y las aerolíneas. El segundo trimestre del 2001 cerró con un crecimiento del 0,2 por ciento, demasiado pequeño para Estados Unidos. Es muy posible que el tercer trimestre, del que no se han ofrecido cifras todavía, sea francamente recesivo, igual que el cuarto. Para el año se totalizaría un incremento del Producto Interno Bruto (PIB) de algo más del uno por ciento —si llega—, respaldando así la tendencia que predominó entre instituciones de todo tipo de revisar a la baja las predicciones mes tras mes. Ya hubo una institución francesa denominada Rexeco que pronosticó para 2002 un descenso del 0,2 por ciento en la economía norteamericana. Todo un año de recesión, algo que debe de haber horrorizado a los que en Washington (incluidos Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) pasan el tiempo alegando que la "desaceleración" es temporal y que la economía del país es sólida. Para el mencionado instituto francés, Japón tendrá una reducción de su PIB del 0,5 por ciento y la Unión Europea solo crecerá en un 1,7 por ciento. Todo este movimiento decadente
de la economía mundial es resultado de un proceso que comenzó mucho
antes que los atentados y se prolongará mucho después porque es un
movimiento interno del sistema capitalista denominado crisis, simplemente
crisis. |
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