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Vida, pasión y angustias de Higinio Ventura El estreno de Paulo Betti como director de cine está entre la espada y la pared Pedro de la Hoz No es tan malo como lo pintan. El hombre que lleva por dentro el siniestro y arribista Higinio Ventura de Fuerza del deseo se despierta, en la vida real por estos días, con la angustia de que la crisis económica que ha sobrevenido en su país y la insensibilidad de los patrocinadores del sector privado le hagan aguas el sueño de convertirse en director de cine.
Si en diciembre Paulo Betti no logra conseguir el financiamiento necesario para comenzar el rodaje de Cafundó, tendrá que devolver la partida aportada por el Fondo Nacional de Cultura del Estado brasileño y esperar tiempos mejores. Aunque la cinematografía brasileña, con este comienzo de siglo, parece reanimarse un poco en comparación con la crisis de los 90, década en la que los nostálgicos recordaban los días de gloria del cinema novo, no lo acaba de hacer de una manera convincente, con todo lo que gente como Walter Salles y su Estación central le han dado de lustre internacional. Betti achaca la apatía con que ha sido acogido su proyecto a la insensibilidad del sector privado en cuanto a involucrarse en un cine que refleje la identidad popular, pues Cafundó es justamente eso: la historia de un "milagrero" de la localidad paulista de Sorocabá que se rodeó de multitudes fanatizadas. El popular actor brasileño tiene un compromiso con el cine y el teatro. "La televisión te hace conocido entre la gente y es la que te permite tener convocatoria sobre la escena y en la pantalla". Esta opinión suya, a la cual accedió Granma mediante fuentes brasileñas de los medios artísticos cercanas al actor, fue acompañada por una anécdota que suele contar para explicar su sueño de director: "Una vez dos actores montaban una escena; uno le dijo al otro: baja hasta la platea a ver si lo estoy haciendo bien. El que descendió nunca quiso subir nuevamente: abajo se estaba bien y podía decidir lo que su compañero hacía". Inserto en la pantalla doméstica desde 1979, con un historial de telenovelas de amplia acogida —unas vistas entre nosotros, como Piedra sobre piedra y Mujeres de arena, y otras como El fin del mundo, La indomable y Cómo salvar mi casamiento— y satisfecho después de todo por lograr con Higinio Ventura una contrafigura a la altura del tono actoral de un Reginaldo Farías (Marqués de Sobral) en plenitud de facultades y un Fabio Assuncao que dio muestras de madurez, Betti guarda, sin embargo, sus mejores recuerdos de un tipo de cine histórico, con ribetes épicos, que penetra en la piel del imaginario popular, tales los casos de Lamarca (1994) y Mauá: el emperador, el rey (1998), sin olvidar el cariz político de Quién mató a Pixote (1996). Es por esto que también
aprecia mucho su más reciente incursión en la pequeña pantalla: la
miniserie Los mayas, una adaptación del clásico del novelista portugués
Eca de Queiroz, en la que compartió labores nuevamente con Fabio
Assuncao. |
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