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25/12/2001
Portada de hoy

Un reloj que no da la hora

Rafaela Vázquez Aroche

Por la premura de llegar pronto al trabajo, y otras veces por la velocidad del auto que nos conduce, se puede transitar más de una vez por 5ta. Avenida, sin darse cuenta de que en una de las vías más hermosas de La Habana, está solo y detenido un viejo reloj.

ARNALDO SANTOS

Ha pasado el tiempo y ya muchos ni recuerdan cuándo dejó de funcionar. No se conoce el día, pero aseguran los vecinos y transeúntes que desde hace ya muchos años no se oyen sus campanadas.

Cada quince minutos se oía el repicar de sus toques musicales y al paso de cada hora, el sonido de sus campanas. A quienes transitaban por el lugar, los llamados de su carillón anunciaban en qué momento del día se encontraban.

Es evidente que el añejo engranaje se resistió a detenerse cuando las agujas de sus cuatro esferas están paradas a distintas horas, sus puertas laterales, que antes eran de madera dura y claveteadas en hierro, ahora están clausuradas y al descuido, con escrituras, signos y malas palabras como adornos. Sus balcones y su techo de lozas de barro tienen humedad y filtraciones. Estas son las causas para explicar su renuncia a transitar en el tiempo.

En el lugar se pudo conversar con personas que llevan viviendo en la zona más de 60 años, también con jóvenes que no conocen el sonar de sus mecanismos, pero sienten curiosidad por saber cómo funciona.

Miguel Braun, nació con el reloj en 1924 y confiesa que ha vivido todos los momentos de la vida del clocktower, como también él lo llama. "Yo he visto limpiar a presión sus paredes de piedra Jaimanitas. Si arreglarlo cuando se descomponía era una tragedia, peor era sacar a los muchachos de la secundaria de allí. Entraban por estar dañados sus accesos, y subían más de 15 metros para hacer resonar las campanas con las manos" comentó Braun, dejando escuchar un suave tang tang, para demostrar que no había olvidado su sonido.

Por la situación geográfica del lugar y considerarse un elemento típico del territorio con una arquitectura sobresaliente, el 3 de noviembre del año 1993 el gobierno municipal acordó seleccionarlo cómo el símbolo oficial del municipio Playa.

En estos días nuevos aires rondan la Torre de 5ta. y calle 10, en Miramar. Distintas entidades están empeñadas en volverlo a la vida, pero por estar situado en una de las arterias de mayor tránsito de la ciudad, con una estructura compleja por su elevación, y las características de sus mecanismos se hace más difícil su remozamiento.

Muchas son las razones para que durante tanto tiempo no se haya echado a andar de nuevo, desde las dificultades con el período especial, el problema de encontrar un conocedor de su maquinaria, hasta la tramitación para hacer los contratos y efectuar los pagos del trabajo.

La Empresa Municipal de Comunales será la encargada de la obra. Cuenta con el financiamiento y los materiales necesarios para su ejecución, pero no con el personal calificado para estas tareas. Fue necesario contratar los servicios de la Empresa Constructora de Obras de Ingeniería #3, que realizó la defectación y recomendó el uso del método del alpinismo para realizar los trabajos, pues las condiciones del lugar no son propicias para colocar andamios y aparatos constructivos.

"Los especialistas determinaron que la recuperación del lugar no requiere de grandes inversiones y el trabajo mayor es de mantenimiento y reposición de algunos componentes" explicó Manuel Alvarez, director de comunales en el municipio. Agregó que se realizará la limpieza, pintura y engrase de las esferas, manecillas y de la transmisión central. Se ajustará el péndulo y los estabilizadores; y se sincronizarán la música, campanas y horarios. Además de remozar las paredes, techos y los exteriores, también se limpiarán del hollín y se impermeabilizarán, para evitar la humedad.

Pronto los vecinos de la zona volverán a sentir el sonar de cada campana. Unos se tomarán las manos, otros pondrán en hora sus relojes, y hasta el anciano Miguel sentirá el placer de volver a disfrutar el recuerdo de los viejos tiempos.

25/12/2001

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