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25/12/2001
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II Salón Nacional de Fotografía

Blez y Korda, imágenes perpetuas

Andrés D. Abreu

Al reverenciar merecidamente la obra de Joaquín Blez y Alberto Díaz (Korda), con sendos homenajes, el pasado sábado el II Salón Nacional de Fotografía acercó en el tiempo a dos de los artistas cubanos que eternizaron en plata y gelatina las imágenes socioestéticas de sus épocas.

Dotados de una sensible relación entre los cristales del lente y los humanos vidrios de sus ojos, Blez en la primera década del siglo pasado y Korda en la segunda, atraparon en sus fotos lo elegante, lo sugerente, lo tierno y lo bello de la vida, amén de similares o dispares motivaciones conceptuales.

La exposición de Blez, inaugurada en la galería La Acacia, entregó entre sus sorpresas el descubrimiento de fotos desconocidas del artista, impresas gracias a una labor de rescate realizada por Lizzette Solórzano. La muestra incluye fotos tomadas en sus viajes que aportan una visión más amplificada de su lente ante la monumentalidad de la calle 42 de Manhattan, las cataratas del Niágara o la demolición de una edificación habanera. Luego se adentra en ese mundo del estudio fotográfico del que Blez fue todo un maestro estilístico, dotando al retrato de moda de personalidades sociales con un valor expresivo y formal de alta calidad artística.

Al llegar a sus desnudos femeninos, la colección alcanza el desborde mayor de emotividad creativa desde su relación con el lente. Las modelos de Blez, ataviadas e insertadas dentro del art nouveau, están posesionadas de una ternura sosegante de sus posiciones eróticas. Como expresó Toni Piñera, director de La Acacia, al presentar la muestra homenaje, Blez se transforma aquí en un intimista y sus imágenes logran una exquisitez formal que llega en muchos casos al hedonismo.

Tres horas más tarde, Korda apareció desde una sala del Museo Nacional de Bellas Artes para dar continuidad a esa historia que nunca abandonará a pesar de su ausencia física. Al presentarlo en sus obras, Rafael Acosta de Arriba, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, recordó al fotógrafo unido a la visión eterna del Che y señaló que su obra trasciende por atrapar amorosamente la imagen. Fueron esas imágenes de la mujer, el mar y la Revolución, sus tres grandes amores, las que contemplaron curiosamente familiares, amigos, colegas, y admiradores buscando el asombro de un nuevo detalle o el recuerdo reflexivo de un momento inolvidable.

Por lo impetuoso ante lo convencional y lo humano en su impresión de nuestras transformaciones sociales y sus héroes, basta decir Korda y ya estamos nombrando a un símbolo por el que se reconoce a Alberto Díaz, el hombre sencillo y ocurrente, y un artista de la vanguardia fotográfica contemporánea cubana. Recordarlo es, al decir de su entrañable amigo Raúl Corrales, como abrir un baúl para el que nunca se agota el tiempo y del nunca terminaremos de escarbar.

25/12/2001

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