Delegada desde hace 25 años

Marta sigue ahí, ahí

María Julia Mayoral

Ni la misma Marta Antonia Pérez Contrera sabe de dónde saca tanta vitalidad. Los años y los sufrimientos no han mellado su pasión innata por la risa, el carácter guarachero y el don para ofrecer alientos. Pero lo mejor del caso —atestiguan los vecinos— es que toda la gente le responde, porque siempre está trabajando.

ARNALDO SANTOS

Marta fue diputada a la Asamblea Nacional en la primera legislatura. Durante esos cinco años de mandato en el máximo órgano del poder estatal integró la comisión de Salud.

A esta habanera, residente en el municipio de Güines, bien le encaja el dicho emblemático de la popular orquesta Los Van Van. Han transcurrido 25 años y ella sigue ahí, ahí, en la misma encomienda que le diera el pueblo por primera vez el 10 de octubre de 1976, cuando en el secreto de las urnas la eligieron delegada de circunscripción.

EL ESTRENO

"Era miembro de la comisión electoral en la circunscripción. Me habían escogido por lo activa que era en el Comité y porque como trabajadora social me conocía como quien dice a medio mundo. Pero... ¡Ni pensar... ¿yo candidata...?!"

Ahí empezó todo. Tuvo que dejar la comisión electoral. La habían propuesto en la primera asamblea. Igual ocurrió en la segunda, la tercera y cuando llegó la última, a fuerza de muchos argumentos, los reunidos aprobaron otro candidato para no desobedecer la legislación, pues el barrio entero tenía los ojos puestos en Marta.

"Aquel 10 de octubre, después de votar, fui y me encerré en la casa para que nadie fuera a pensar: `Mira, se está dando pista para buscar apoyo'. Así he continuado haciendo en cada votación. Me entero de los resultados por los demás. Es de lo más emocionante, al terminar el conteo de las boletas vienen a felicitarme; se me llena la casa de gente."

UNA VIDA JUNTO A HIPOLITO

Para ser delegada y, al mismo tiempo, dirigir en la FMC y los CDR, estudiar, investigar e incursionar en la poesía, sin desatender el hogar y los seis hijos, no podía ser de otra forma que con el apoyo de Hipólito.

"Cuando nos casamos yo tenía 14 años y nos fuimos a vivir para la casa de mi suegra. Ella y mi cuñada me ayudaron en todo momento a criar a los seis muchachos. Por esa familia empecé a interesarme en la lucha revolucionaria. Militaban en el Partido Socialista Popular (PSP) y prestaban su vivienda para reuniones clandestinas a las que asistía el destacado político, pedagogo y comunista, Salvador García Agüero.

"Aprovechando que yo era prácticamente una chiquilla y podía pasar inadvertida, me empezaron a dar tareas, entre ellas repartir Carta Semanal, la publicación también clandestina del PSP."

Sus recuerdos de aquella época la remiten al conocido refrán de "pobre, pero honrada". "Ese era mi orgullo, había ido poco a la escuela por la situación económica y si las familias acomodadas no distinguían en mí a una persona de confianza, ninguna me hubiera empleado como doméstica".

"Al triunfo de la Revolución vine a terminar el sexto grado y con el tiempo me gradué como técnica de nivel medio en trabajo social; una profesión que no pienso abandonar. Aunque desde 1991 soy la Presidenta del Consejo Popular en esta zona, sigo vinculada a mi trabajo en Salud Pública: me encargo de preparar en el terreno a las estudiantes de tercer año."

HITOS EN LA PARED

Un caleidoscopio de sentimientos, como si al compartirlos echaran nuevas raíces, así es la reducida sala en la casa de Marta, con sus paredes de mampostería y techo de madera pidiendo auxilio.

Allí no faltan la foto de Hipólito, con sus flores frescas, recordando los cincuenta años de matrimonio que la muerte no les dejó celebrar juntos; las imágenes de los momentos felices en familia; los muebles de siempre hechos por las manos de ese hombre amado y los varios diplomas de reconocimiento a la trayectoria como delegada.

Colgado de la pared está otro recuerdo imborrable. Este da cuenta de su conversación con Fidel el 2 de diciembre de 1976, en el teatro Carlos Marx, al quedar constituida la primera Asamblea Nacional del Poder Popular.

"Si salir delegada de circunscripción en octubre del 76 había sido algo grande, figúrate tú cuando poco tiempo después fui diputada por Güines como parte de ese mismo proceso electoral; no cabía en mí de alegría.

"Aquella reunión en el Carlos Marx también me trae un recuerdo triste y a la vez hermoso por su lección de entereza. Juan Marinello, por ser el diputado de mayor edad, debía presidir el inicio de la sesión; él hizo la tarea con gran naturalidad y desenvoltura como si nada sucediera. Poco después, muchos supimos que había perdido horas antes a Pepilla (María Josefa Vidaurreta), su entrañable esposa y compañera de luchas. Ese fue un ejemplo de valor humano que nunca olvidaré."

UN BUEN AVERAGE

Anelys Martín, Karelys Colomina, Suseidy Martínez cursan ahora la enseñanza primaria en dos de los planteles enclavados en la zona donde vive Marta. Ellas cuentan de los vínculos con la delegada: los preparativos para el curso escolar, la atención a los niños con desventaja docente y el desarrollo de las manifestaciones culturales en los centros estudiantiles.

Karelys, una de las más conversadoras, explica detalles. "Antes de empezar la rendición de cuenta, nosotros hacemos bailes, hay niñas que cantan y algunos participamos en obras de teatro. Una vez hicimos una sobre una muchacha que no miraba a nadie en el barrio y cuando le hizo falta, fueron los vecinos los que la ayudaron".

Entre los adultos encontramos otras anécdotas para seguir entendiendo el apego por la Presidenta del Consejo. Lucía Valls, Celeida Ferrer, Bárbaro Estévez e Hilda Pozo ofrecen un abanico de relatos para ilustrar las relaciones de Marta con los núcleos zonales del Partido, los CDR, la FMC, los representantes de Cultura y Deportes en la demarcación o su acción coordinada con los demás delegados.

A sus 67 años de edad y tras un cuarto de siglo dedicado por entero al Poder Popular, Marta no aprecia en tales vínculos "nada del otro mundo".

"Si un delegado no cosecha esa cooperación, está perdido. Frecuentemente cuando quiero enfrentar un problema, busco a los electores, creo con ellos comisiones para investigar; así sacamos las cosas adelante", afirma.

Aunque asegura sentirse fuerte y con tremendo ánimo, aprovecha su carisma y capacidad de convocatoria para preparar los posibles relevos, involucrando a los jóvenes del barrio en las encomiendas del Poder Popular.

Nadie es eterno —considera— y no preocuparse por la continuidad sería un gran error. "Además, si el día de mañana, la gente elige a otro delegado en mi circunscripción, yo no me voy a poner brava. Veinticinco años en el Poder Popular, son un buen average y ese no hay quien me lo quite". Se ha reservado para este comentario final otra de sus risas prolongadas, llena de picardía y vivacidad. Como de costumbre, no hay quien resista la tentación de acompañarla.

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