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Adiós a Cine Plaza 2001
Silencio en torno a un
festival
Livia Rodríguez Delis
La experiencia ha demostrado
que buenas intenciones no bastan para el feliz término de cualquier
proyecto. Esto se evidenció en el recién concluido festival Cine Plaza
2001 que, con el noble objetivo de promover la creación artística en el
medio audiovisual, pasó por las salas destinadas al encuentro sin dejar
huellas en los citadinos. El vacío caracterizó las proyecciones de un
evento que de principio a fin reclamaba por la presencia de un público,
cinéfilo por deleite. Solo especialistas, "cazadores de
cultura" y más de un amigo o familiar del concursante o realizador
en turno recalaban en el cine para entretenerse o criticar —de las dos
formas— la puesta en cuestión.
A pesar de tan desafortunado
sino, el evento en sí mismo trajo la grata imagen de un relevo con una
calidad descollante. Video de familia, tesis de graduación de la
facultad de medios audiovisuales del ISA, de Humberto Padrón, arrasó con
una buena parte de los galardones. El premio al mejor guión, a la mejor
dirección, a la mejor actuación masculina (Enrique Molina) y femenina
(Verónica Lynn) y el gran premio de ficción fueron los lauros que
recopiló esta pieza cinematográfica que aborda con originalidad y
naturalidad, desde una cámara en mano, las complejidades de una familia
cubana contemporánea.
Figuras nuevas en el mundo del
cine fueron premiadas por el jurado y la crítica especializada por su
poder creativo. Entre ellas, la principiante Isabel Espronceda, que con su
corto Chicosis, merecedor de la primera mención a la mejor ficción,
realiza una mirada acusadora de la frivolidad y la hipocresía a partir de
una entrevista realizada a una supuesta actriz, encarnada por la niña
Claudia di Carpio, cuyo desempeño histriónico fue válido para obtener
un premio especial en actuación. Dicha obra superó a la producción Con
el gris posado en la mejilla, de la actriz Susana Pérez y Taira Irizardi.
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