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Libros

Desde los Césares hasta el despacho
de Conchita

Antonio Paneque Brizuela

Dos editoriales fundidas hace un bienio en una sola institución nutrida por el desarrollo científico —incluidas las Ciencias Sociales— protagonizan actualmente un empeño por satisfacer apetencias de lectores de cualquier temperatura intelectual, con rutas que transcurren desde los Césares bajo la óptica de Walter, pasan por Napoleón descrito por Tarlé, cruzan junto a la Revolución Francesa diseccionada por Olivier, se detienen cerca de un José Martí visto por Mañach y llegan hasta una secretaria cubana que un joven autor vio rebasar los límites de su despacho...

Nexo nada fácil de viabilizar por ser instituciones con 34 años de autonomía productora y financiera (ambas fueron fundadas en 1967), la editorial Científico Técnica y la de Ciencias Sociales integran, sin embargo, una sola entidad administrativa —cada una con su sello independiente— cuyos pilares programáticos más apremiantes se asientan en mucha iniciativa y en un énfasis en el "producto" destinado a la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana.

Ernesto Escobar Soto y Pilar Jiménez Castro, director y subdirectora de esta suerte de "grupo editorial", no minimizan ninguno de sus proyectos cuando explican que la cifra de 70 títulos el año pasado —ya de por sí elocuente—, aumentará en el 2001 a más de 100 y con una mayor tirada, piedra angular para bajar los costos, frente al obstáculo de siempre: las finanzas.
Finanzas que cobran complejidad cuando se analiza que una buena parte de los libros de este tipo de editoras, por ejemplo los netamente científicos, llevan el encarecimiento adicional —y casi siempre imprescindible— de gráficos, fotos y otros tipos de imágenes, y están dirigidos a un público que no puede pagar los precios que "matemáticamente" se derivan de ello.

"Los libros científicos —coinciden ambos ejecutivos— son muy caros. Nuestra política es hacer mayor número de ejemplares y trabajar sobre la base de las colecciones (entre otras proyectadas, Literatura de Campaña, Clásicos, Informática, Biografía y Crónicas de la Revolución, estas dos últimas con respectivos concursos bienales) para hacer llegar al lector una producción que, excepto la parte destinada a la lectura en bibliotecas públicas, se vende, fundamentalmente, en moneda nacional, en las más de 350 librerías dispersas por todo el país". 
Nuevas ediciones de segura aceptación tanto para estudiosos como para lectores comunes son preparadas por ambas entidades de cara a la muestra librera internacional cubana de febrero del 2002, como son las comprendidas en la colección Biografía, con Martí el Apóstol (Jorge Mañach); Hombradía de Antonio Maceo (Raúl Aparicio); César (Gerard Walter); y Napoleón (Eugenio Tarlé).

La de Literatura de Campaña ofrece Episodios de la Revolución Cubana (Manuel de la Cruz); La tierra del mambí (James O. Kelly); La Revolución de Yara (Fernando Figueredo); Mi diario de la guerra desde Baire hasta la intervención americana (Bernabé Boza); Mis primeros 30 años (Manuel Piedra Martell); Memorias de la guerra (Enrique Loynaz del Castillo); y Pluma y machete (Ramón Roa).

Sobre temas o autores foráneos, tiene la respuesta la colección Clásicos, que incluye Obras de René Descartes; y El hombre mediocre (José Ingenieros).

Otros títulos que despiertan desde ya el interés y esperan por la acogida especializada y popular son el Diccionario del pensamiento martiano (Ramiro Valdés Galarraga); La secretaria de la República (Pedro Prada, sobre la vida de Conchita Fernández); El pensamiento económico del Che (Carlos Tablada, vigésima octava edición mundial); y Para expresarnos mejor (edición ampliada, Rodolfo Alpízar).

También Historia de la Comuna de París (Prosper Olivier); y Escarmientos del pueblo (Raúl Menéndez Tomassevich y José Angel García). 

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