Pioneros en la neblina Los
primeros médicos cubanos e Ekhombe Texto y fotos: Juvenal Balán
Enviado Especial Quienes nunca han pisado esta tierra africana reseca, inhóspita y misteriosa, y oyen hablar a los médicos cubanos del Pequeño Londres, como jocosamente le han bautizado, pudieran pensar que es algo así como una réplica de la añeja y conocida ciudad europea. Pero lo único que tienen en común es la niebla, llamada en lengua zulú misty. Se adhiere, densa y gris, a las ropas y la piel. Para los tres cubanos que allí trabajan, a 1 600 pies sobre el nivel del mar, quedará también prendida para siempre en su memoria.
A 1 600 pies sobre el nivel del mar está el hospital rural de Ekhombe. Con orgullo Leo nos señala el lugar donde ha ejercido durante casi cinco años. Trasladarse hacia Ekhombe es como viajar entre mundos conexos y contradictorios, cual si unos fueran gestándose dentro de los otros, negándose y abrazándose a la vez. Primero, la modernísima autopista, luego, una estrecha carretera y al final, el terraplén entre montañas desde el que se observa el serpentear del que fuera caudaloso río Tuquela. Las huellas de la sequía se constatan al transitar los más de sesenta kilómetros de curvas polvorientas y farallones, que en su topografía recuerdan la carretera de Viñales en el occidente cubano. El paisaje se adorna con aisladas viviendas llamadas rondwal (pared redonda) que alcanzan hasta los más inhóspitos lugares. No pueden dejar de remitirnos a las kimberías, años atrás vistas en tierra angolana. Después de casi cuatro horas de camino desde la populosa ciudad sudafricana de Durban, llegamos a la región de Qudeni, donde se asienta el hospital rural de Ekhombe. Allí laboran en la actualidad tres médicos cubanos, uno de ellos, mujer. EL BAUTIZO El cambio brusco del medio puso a reflexionar a Milene González Verdecia. Hacía pocas horas que se encontraba en el Pequeño Londres. Después de ubicada, con su pulcra bata blanca y el estetoscopio al cuello, quiso visitar el cuerpo de guardia para familiarizarse. Sorpresa se llevó cuando Alejandro, su colega, la incitó a prestar los primeros auxilios a unos diez heridos de arma de fuego y contusionados por volcarse en la vía, producto de riñas entre taxistas.
Nelson Cabrera Quesada tuvo su prueba de fuego cuando devenido intensivista debió aplicar su primera anestesia general en una operación de ortopedia. Ahora trabaja con los casos de pediatría para combatir las malnutriciones, kwashiorkor (gorditos pero hinchados de edema) y marasmo, enfermedades que abundan por estos parajes.
Llegó la hora de la partida y en Ekhombe quedaron los hombres y mujeres que ponen bien en alto el nombre de Cuba. De izquierda a derecha Alejandro, Nelson y Milene. El santiaguero Alejandro Sayago Rodríguez, además de médico general integral, asume la intendencia del hospital y nos cuenta que atienden a una población de más de 120 mil habitantes, con 120 camas disponibles. LA AVANZADA El galeno pinareño Leocadio Blanco Izquierdo, junto al tunero Abel González, fueron los pioneros de la ayuda médica cubana en esta región desde el año 1996. Leo, como es conocido por todos, también tuvo el privilegio de ser el primer médico cubano aprobado por el Ministerio de Salud sudafricano para ocupar la plaza de superintendente.
Uno de los casos pediátricos en estado grave. Cuando arribaron a Ekhombe, el hospital llevaba cinco años sin médicos y solo las enfermeras eran las encargadas de asistir a los pacientes. La mortalidad infantil estaba en cincuenta por cada mil nacidos vivos. Ahora, alcanza índices de 20 y solo han tenido dos muertes maternas en cinco años, a la vez, cuentan con dos embarazos de trillizos, los primeros logrados en Sudáfrica. Abel, con la asistencia de Leo, ha practicado diez operaciones de embarazo ectópico y una ruptura uterina, donde tuvieron que esmerarse en una carrera contra la muerte. La experiencia del médico de la familia, los galenos cubanos la han tratado de aplicar en la región, pero en la actualidad están imposibilitados de llevarla a cabo por falta de recursos. UNA MIRADA POR EPILOGO Las manecillas del reloj anuncian la partida. Periodistas y médicos, después del recorrido por las instalaciones hospitalarias, queremos seguir conversando de Cuba, del
"mal de Ekhombe" (estado gripal muy fuerte), de los enfrentamientos a la tuberculosis, a la meningoencefalitis por el virus del SIDA y por crigptococos (hongos), pero el tiempo apremia para que no nos sorprenda la noche por estos parajes tan intrincados. Ya en el vehículo, una mujer sudafricana curtida por los años detiene en cada uno su mirada profunda, de esperanza. Y nos dijo en dialecto zulú que este hospital no era nada antes de llegar los cubanos.
"Ellos son la bendición para nosotros."
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